Guantánamo:El desafío de Obama

Ya es un hecho, Barack Obama es oficialmente el nuevo presidente de Estados Unidos y aunque el camino es largo y difícil, hay que esperar a ver si cumple sus promesas.

Una de las más comentadas por la prensa norteamericana es lo relativo al cierre de la cárcel de Guantánamo en su primera semana de gobierno.

Determinar su cierre quizás sea fácil, pero en realidad es algo difícil si tenemos en cuenta que expertos consultados por el diario The New York Times estiman que ejecutar su mandato llevará un año, pues uno de los problemas a los que se tienen que enfrentar es determinar a dónde llevarán los más de 240 prisioneros que actualmente se encuentran detenidos allí.

Además, con la mayoría de ellos pendientes todavía de juicio, otra dificultad residirá en separar a aquellos que deben someterse al yugo de la ley y los que pueden quedar en libertad.

El controvertido centro de detención está localizado en la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo, territorio cubano. Sólo unos 20 de los prisioneros que permanecen allí han sido procesados, incluyendo cinco hombres acusados de ayudar en la organización de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Allí se cometen toda clase de aberraciones de abusos y torturas a personas que son tratadas peor que a los animales, quizás por eso Guantánamo se ha convertido según el erodiputado del grupo Los Verdes, Raúl Romera, en “una enorme mancha en el historial no sólo de EEUU sino de todos aquellos que callan y lo toleran”.

Pues muchos olvidan que la lucha contra el terrorismo, sólo puede llevarse a cabo con éxito si se respetan plenamente los derechos humanos y civiles, todo lo contrario de lo que allí pasa.

El caso del alemán Murat Kurnaz, así lo demuestra.

“Tenía 19 años, había pasado dos meses estudiando en una escuela del Corán en Pakistán y volvía a casa, a Bremen (Alemania), con una bolsa llena de regalos para mi familia. Estaba contento. El autobús que me llevaba al aeropuerto se detuvo y un policía pakistaní me hizo bajar.

Así empezó mi estancia en el infierno, que duró cinco años. Fui vendido a los americanos por 3.000 dólares. Los americanos no sabían quién era yo, y pocos meses después de capturarme, cuando ya estaba en Guantánamo, se dieron cuenta de que era inocente.

Actualmente  en este centro de tortura hay políticos, médicos, deportistas y, sorprendentemente, muchos adolescentes, niños de 14 años. El 95 por ciento de los presos han sido comprados por los americanos y el otro cinco son ladronzuelos que pertenecen a bandas, declara este hombre que se ha convertido en escritor y activista de los derechos humanos.

Durante su estancia, el preso más joven tenía nueve años y el más anciano 105.

Fue testigo de cómo obligaban a los padres a ver las torturas de sus hijos y viceversa. Su vecino de jaula, un hombre de unos 85 años, estaba paralítico desde hacía 27 años, sin embargo, nadie se preguntó cómo podría este anciano paralítico cometer actos terroristas.

Un chico de 19 años no tenía piernas, eran dos muñones ensangrentados y purulentos. Venía de la prisión de Bagram, donde hacía tanto frío que se le helaron los pies y en el hospital militar le amputaron las piernas. No era el único al que le habían cortado un miembro del cuerpo, eso es algo usual en Guantánamo. Muchos tienen las piernas, los brazos o los pies rotos a causa de los golpes, pero allí no tratan las fracturas. “Se cura solo”, dicen los centinelas.

Razones sobran y testimonios también, por eso no cabe dudas que el cierre de la cárcel de las almas perdidas como alguien la llamó una vez, será una de las señales más claras de la ruptura del nuevo mandato con la era de George W. Bush.

Pero por si las dudas, Obama ya ha dado el primer paso para llevar a cabo el cierre de la base militar de Guantánamo en Cuba.

Poco después de ser investido, la fiscalía militar de Estados Unidos, siguiendo las directrices del nuevo presidente del país, pidió suspender durante cuatro meses los juicios a las personas retenidas en la prisión. La decisión congelará un total de 21 casos pendientes.

El objetivo según publica el diario ‘Miami Herald’ es dar a la nueva administración el tiempo suficiente para estudiar su cierre definitivo.

 

Esta es una colaboración de la periodista Idalma Menéndez Febles

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