“Genialidades” de algunos genios

Personalidades prominentes, consideradas a través de los años como verdaderos íconos en sus respectivas especialidades, generalmente trascendieron por sus creaciones excepcionales, pero en otras por sus “geniales” conductas públicas.
En los tiempos en los que les tocaron vivir, algunas inteligencias célebres fueron exaltadas al pináculo de la fama, y justamente reconocidas, pero en otros casos los excepcionales no corrieron igual suerte, y su memoria debió aguardar años antes de que los hombres reconocieran sus méritos Los italianos Giordano Bruno y Galileo Galilei pueden ser considerados como ejemplos de las injusticias cometidas en nombre de la razón aparente.
El primero, luego de sufrir ocho años de cárcel, murió quemado vivo en el año 1600, por mandato de la Santa Inquisición, porque se negó a retractarse de sus teorías científicas, las cuales contradecían dogmas católicos. Galilei, 33 años más tarde, para escapar de igual destino debió abjurar de sus prédicas, las cuales demostraban que el Sol era el centro del sistema solar.
La historia recoge otros hechos, menos dramáticos y hasta jocosos, que de alguna manera matizan la vida de los hombres geniales, y que a veces aparecen como paradojas de su propia inteligencia. Isaac Newton (1642-1727) célebre matemático y físico, inventor del cálculo, dedujo la ley de la gravitación universal. Fue elegido miembro del Parlamento británico en 1689. Asistió regularmente a sus sesiones sin jamás abrir la boca para opinar, según sus biógrafos, hasta que un día pidió la palabra.
Cuentan que se hizo un silencio total para escuchar al sabio, quien se puso de pie y extendió un brazo para indicar, por favor, que cerraran una ventana abierta por donde entraba una corriente de aire. Eso fue todo.
Las declaraciones públicas de los genios también han dado mucho de que hablar, como la del astrónomo y físico inglés Sir Arthur Stanley Eddington (1882-1944) a un reportero de prensa, quien le comento: \”He oído que usted es una de las tres personas en el mundo que entienden la Teoría General de la Relatividad\”. El científico meditó un largo rato, y cuando el periodista insistió en el porqué, simplemente respondió: \” La segunda persona es Einstein, por supuesto, pero estoy tratando de pensar quién puede ser la tercera …\” También las equivocaciones sirven para subrayar la personalidad de algunas celebridades, como en el caso de Bischoff, uno de los anatomistas de mayor prestigio en la Europa de siglos pasados, quien, entre otras ocupaciones, pesaba cerebros humanos provenientes de cadáveres.
Después de varios años de haber acumulado datos, Bischoff observó que el peso medio del cerebro de los hombres era de mil 350 gramos, y el de las mujeres solo llegaba a mil 250. Mientras vivió, el observador anatomista utilizó esos datos para defender su teoría sobre una supuesta superioridad mental de los seres masculinos sobre los femeninos. Antes de fallecer, Bischoff legó su propio cerebro para engrosar la colección que había formado. Sorprendidos quedaron sus discípulos cuando comprobaron que el cerebro de su mentor pesaba solamente mil 245 gramos. \”Lastima que él no se enterara\”, dicen que comentó una de las mujeres discrepantes.

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