El valor de una hija

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Ady, la luz de mis ojos

Recientemente leí en un blog un trabajo muy interesante sobre el costo de crianza de un niño desde su nacimiento hasta la edad de 18 años, según recuerdo el colega mencionaba una cifra de 148 mil dólares, para una familia de clase media en Perú. Y creo que para algunas personas esa reflexión los puede llevar a fantasear sobre todo el dinero que podrían tener amontonado si no fuera por ellos. Para otros, este número podría confirmar su decisión de seguir sin hijos.

 

Yo, que no soy nada ducha en economía, ni en aspectos financieros hoy me gustaría en este blog ensayar algunas respuestas, para mostrar algunos de los resultados que obtuve con la crianza de mi hija Ady.

 

-Escuchar sus risitas bajo las sábanas todas las noches.

-Recibir más amor del que tu corazón pueda soportar.

-Inagotables besos de mariposa y abrazos de oso.

-Su asombro interminable ante las maravillas de la naturaleza.

-Una mano para llevarlo por donde quiera.

-Una compañera para volar papalote o construir castillos en la arena.

-Alguien que te hace reír con sus ocurrencias cuando estés molesto.

 

Sólo con una hija nos sorprenderemos cuando mantenga el equilibrio en la bicicleta o aprenda a sumar y restar o cuando ya empiece a leer sin nuestra ayuda. Es la excusa perfecta para dejar de hacer tus cosas y ponerte a ver dibujos animados un sábado por la mañana, disfrutar las nuevas películas de Disney, o simplemente pedir juntos un deseo a una estrella fugaz.

 

Con ella pegarás arcoiris, corazones y flores debajo de los imanes del refrigerador y coleccionarás flores pintadas e impresiones de las manos en arcilla y tarjetas con dibujos en la parte de atrás para el Día del Padre o de la Madre. Con ella podrás disfrutar cada actuación que tenga en su escuela o escucharás atenta la canción o poema que aprendió para ti en el día de tu cumpleaños.

 

Serás su heroína sólo por recuperar un juguete que quedó colgado de un árbol, por llevarla de caballito muy lejos y por adiestrar su grupo de teatro, que nunca obtiene los grandes premios pero salen sonrientes de cada actuación.

 

Al encargarme de su crianza fui testigo de su primer paso, su primera palabra, su primer diente, su primera oración, su primera vez en los juegos, su primera cita. Gracias estas cosas las madres pasamos a ser inmortales, pues agregamos otra rama al árbol genealógico y, si tenemos suerte, hasta nietos.

 

Si lo sabes hacer, con una hija te graduarás con todos los honores en otras ramas del saber humano como la psicología (para escuchar sus problemas), la nutrición (para enseñarle a alimentarse y que no coma sólo lo que le gusta), el derecho (para aplicarle justicia cuando haga travesuras o se porte mal), las comunicaciones (para escucharle y que te escuche) y en sexualidad humana, (cuando sus despertares de adolescente te abrumen con sus preguntas). Eso es algo que ninguna universidad del mundo puede igualar.

 

Ante los ojos de tu hija, tienes todo el poder para calmar su llanto, espantar los monstruos que están debajo de su cama, remendar su corazón roto cuando le abrume la tristeza, organizar y vigilar sus primeras fiestas. Pero lo más importante: Amarlos sin límites, de forma tal que un día ellos amen como tú, sin tomar en cuenta el costo.

 

Por todo ello, una hija jamás será un gasto sino una buena inversión. ¿No crees?

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