26 de Julio: Recordatorio para los pueblos de América

La fecha del 26 de julio continúa como recordatorio permanente para los pueblos de América: fue el momento en que un grupo de jóvenes cubanos, denominados Generación del centenario no tuvo más opción que el camino de las armas, como única vía para hallar la independencia en el traspatio del mayor imperio.

El joven abogado Fidel Castro Ruz había estudiado con profundidad la historia de su país, los intentos libertarios en diferentes épocas históricas y estaba absolutamente convencido de que solo así el pueblo ascendería al poder para desalojar por la fuerza a latifundistas, burguesías industrial, clase media comercial, junto al conjunto de títeres subordinados a los norteamericanos desde antes del nacimiento de la República.

La República, fabricada bajo el amparo de los cañones de los barcos de guerra norteamericanos, fue un regalo que le hizo la metrópoli española a los Estados Unidos, que sabiéndose derrotada fue a pactar a París de espalda a los cubanos y, de paso, ayudar a cumplir el sueño norteamericano de la fruta madura.

El poderoso vecino del norte, sentado en lo alto del continente, se cree guardián destinado por la providencia y no solo aspiró dominar a Cuba desde sus inicios, sino a todos los pueblos desde el río Bravo hasta la Patagonia, para que le asistan como granero, almacén de materias primas, fuente de mano de obra barata, suministrador de cerebros, depósito de sus desechos peligrosos y polígono de pruebas militares contaminantes.

Fidel y sus acompañantes no solo habían estudiado la realidad cubana, sino la del resto de América, sabían que los políticos y militares se habían formado en su  casi totalidad al calor de las academias del imperio y que sus sueños eran la de fieles servidores de la Unión, esa que ya prematuramente Martí había identificado y acusado como peligro para América.

Algunos intentos de soberanía en los últimos años en el continente, o mejor dicho pálidos intentos por la vía pacífica, parecía que habían enclaustrado los hechos del 26 de julio de 1953, como un referente pasado, pero no. Parece que la gesta del Moncada continúa como la más probable vía para que los pueblos sean realmente independientes.

La naturaleza del gobierno de los Estados Unidos no se ha modificado para nada al pasar de los siglos, ellos jamás aceptarán la independencia de los países que creen, que por derecho divino, están reservados a servirles, y aunque cambien las administraciones ellos seguirán con el legado de sus padres fundadores de expandir la Unión, la historia de México está para recordárnoslo.

Más de medio siglo es suficiente para demostrar que sin el Moncada, Cuba no sería totalmente libre, porque ese fue el motor que encendió la llama del exilio, el Granma, la Sierra y el triunfo.

Estados Unidos no perdona, eso deben saberlo quienes aspiran transitar por la misma senda que Cuba, los que han llegado por la vía pacífica ya han tenido que usar la fuerza para mantenerse en el poder y si no lo han hecho les llegará el momento en que tendrán que hacerlo, lo demás son quimeras.

Algunos por ingenuos o por excesivo grado de confianza, otros por pusilánimes o quizás porque piensan que el imperialismo norteamericano es igual al inglés, de la época de Gandhi, esperan de buena fe una resurrección de América libre e independiente sin violencia o con la llamada resistencia pasiva

Los imperialistas no son tan nobles, si protestas te vuelan la cabeza, pregúnteles a sus aborígenes exterminados en pocos años, indaguen en los países intervenidos por ellos, a los inmigrantes y a sus propias minorías étnicas.

Las lecciones del Moncada están ahí, Fidel demostró que era posible un grupo de civiles enfrentarse a un ejército bien armado y entrenado; demostró cómo arrebatarle las armas, pero también enseñó que la mayoría de los militares, después de una acción como esa, si no rectifican se suman entonces a asesinar a su pueblo como pasó en Cuba, Guatemala, Chile y ahora pasa y pasará en Honduras.

En esos países, hechos a imagen y semejanza de los Estados Unidos, fuera en West Point, en la Escuelas de las Américas (esté donde esté) o en los muchos fuertes del Comando Sur, hay soldados y policías nobles y dignos, formados por ellos, pero son los menos, la mayoría solo apoyan a las burguesías.

Los ejércitos que no son formados en el amor a su pueblo, desconocen la capacidad de estos para gobernarse y ante el silbato del Amo, corren a devorar a quienes consideran sus enemigos de clase.

Comentario de Ramón Brizuela Roque

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