Grafiteando

Marcar o rayar una pared, una puerta, el pupitre de la escuela o un ómnibus constituye una conducta reprobable que resulta muy común en estos tiempos, cuando el cuidado de la propiedad social no se toma muy en serio por algunos individuos.
Y no son precisamente exponentes del movimiento artístico que lleva el nombre de Grafiti, como subcategoría de la pintura, sino que representan una expresión de indisciplina y de malos hábitos.
Palabras en ocasiones vulgares quedan arañadas en propiedades que, por supuesto, no son del que las escribió, y lo mismo aparece en la puerta de un baño, que en un muro de la parada del ómnibus.
En ocasiones la corteza de un árbol es la víctima de tan mal hábito y sobre el tronco graban corazones atravesados por flechas y los nombres de los enamorados, sin interiorizar que en lugar de propagar amor están haciendo daño.
Insultos, declaraciones amorosas, mensajes chabacanos o dibujos son temas preferidos por aquellos que quieren dejar a toda costa una huella, la cual por supuesto desdice mucho de la buena educación de tales personas.
El cuidado de la propiedad social resulta imprescindible y todos debemos velar porque no sea dañada.
Salirle al paso a conductas inapropiadas y transmitirle a nuestros hijos la importancia de cuidar los bienes comunes a la sociedad, constituyen aspectos esenciales en función de lograr una mejor convivencia.

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