Los celos, guardianes de la cosecha

Los celos los definió la genial escritora cubana, Exilia Saldaña, como los guardianes de la cosecha y en estos días más de una vez he recordado sus geniales poemas en el libro La Noche.

Lo cierto, es que tengo que confesar que cuando vi aquella foto me sentí morir, no podía dar crédito a lo que veían mis ojos, me sentía suplantada, como un trasto inservible. Nunca me imaginé que algo así me pudiera suceder después de 19 años.

La historia comenzó cuando inició sus labores en una escuela, ya no había tiempo para mí, todo era la preparación de las clases, las actividades culturales… y cada día llegaba con un agotamiento que me exasperaba.

No podía entender que se durmiera en el sofá viendo el televisor, siendo solo las nueve de la noche, que ya  mis viajes a La Habana no fueran el estímulo de siempre para irse de parranda conmigo… y lo que menos pude comprender fue que aquel ramo de girasoles, no fuera un regalo de fin de año para mí, la tarjeta atada a la cinta desmentía mis anhelos: “ Gracias por existir, por darle nuevos  bríos a mi vida”.

Después se fueron sucediendo hechos que me alertaban, que abrían mis ojos ante la realidad. Alguien me suplantaba, alguien estaba ocupando mi lugar.

La verdad es que no reaccioné con inteligencia, debí acercarme, preguntarle, debí pedirle un beso…debí decirle cuan grande era y es mi amor, que crece más con los años y no se debilita jamás.

Así fue que comenzaron mis noches de angustia, desvelaba al ver su tardanza, buscando la forma de acercarme sin tener que reconocer mi desconfianza. Una mañana no pude más y le dije: “Por favor, necesito saber quién se roba mi amor, y no me lo niegues pues tengo una prueba irrefutable” y le mostré la foto que encontré entre sus papeles aquel día mientras ordenaba sus cosas.

Su reacción me hizo sentir tan pequeña que no pude evitar que dos lágrimas escaparan de mis ojos. Primero se rió pero después me miró fijamente y con la dulzura que no había visto en muchos días me dijo:

“Pero mamita, tú estás loca, cuando llegué nueva a esa escuela, esa maestra me recibió como si yo fuera su hija,  y tú me has enseñado que para cualquier dolor la amistad es un remedio seguro, por eso le he tomado mucho cariño, pero tú eres mi vida, eso jamás lo pongas en duda”.

Mi hija y la maestra
Mi hija Adilén y la maestra

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