Curiosidades

Baraja españolaTantas interrogantes rodean a los naipes, llamados también cartas o barajas, que para hacer más difícil el asunto, ni siquiera se ha podido definir -al estilo de los diccionarios- qué cosa son en definitiva.
Quienes se dedican al arte delicado de la curiosidad, meticulosos como son, chocan en el momento de catalogarlos con el problema de que los hay de tantos y disímiles materiales como de formas totalmente opuestas.
Hay naipes de cartulina, papel, seda y hasta de marfil, pero también pueden ser rectangulares, redondos, cuadrados, biselados y troquelados. Algo sí tienen en común y es que son muy delgados, y esta característica es la que permite en definitiva la posibilidad de mantener las cartas en la mano y jugar.
Tampoco sirve a los investigadores husmear en las figuras que aparecen en los diferentes tipos de barajas, pues un naipe español, alemán, inglés, francés o chino, tiene sus figuras propias y, lejos de dar pistas, lo único que se logra al estudiarlos es aportar más elementos a la confusión.
Juego de póker en una escena del filme The Deal (El acuerdo)Para complicarles más la vida a los estudiosos del tema, existe un cifra inaudita de juegos y de modos de jugar a las cartas, cada uno con sus propias reglas, así es que por este camino, no se avanza ni un milímetro.
En los principales museos del mundo dedicados a los naipes pueden encontrarse ejemplos de todos estos tipos de cartas, muchas de ellas verdaderas obras de arte; desde las usadas como simples pasatiempos, las educativas, históricas, las chinas del popular juego de mahjong, hasta las que supuestamente nos pueden dar un norte sobre el futuro.
Claro que nada hay tan socorrido y serio para averiguar algo, como ir al origen de las cosas, pero aquí también las barajas juegan una mala pasada. Si hubiera podido comprobarse que surgieron en la China, en alguna otra nación asiática, o en el mundo árabe, todo sería más fácil, pero por acá, también la respuesta es nula.
Europa ha tratado de demostrar, sin conseguirlo totalmente, que las controvertidas y enigmáticas cartas surgieron en su territorio y toma como elemento que, hasta hoy, los ejemplares y testimonios más antiguos que existen de su existencia se sitúan en Italia.
Al menos en Europa los naipes apenas cuentan con algo más de 600 años de existencia. Los primeros testimonios de su presencia son de finales del siglo XIV, pero esto no demuestra que los inventaran.
Baraja americanaLo que sí está claro es que Italia fue el puente por donde pasaron las cartas, cruzaron tal vez vía Nápoles al sur de Francia; desde allí se esparcieron a España y con el tiempo a América. En esta teoría queda sin resolver la presencia de barajas en el mundo asiático.
En algún momento se adjudicó a los árabes la introducción de los juegos de barajas en el Occidente, pero sucede que –se comprobó–, los árabes no tenían cartas, ni su religión les permitía reproducir imágenes antropomorfas.
Sea cual sea su origen, sirvieran en algún momento para contar leyendas, dejar constancia de una cultura, historia, o sencillamente creados para entretenerse, los naipes, barajas o cartas están ahí, medio burlones con sus misterios, guiñándoles un ojo a los investigadores.
Ligado a ellas, el entorno humano. Los juegos de naipes, cuando en ellos NO median las apuestas, sirven para unir a las personas, incluso el famoso juego llamado solitario, que paradójicamente acompaña al que está solo.
Las barajas han inspirado libros, películas y creado, cómo no, personajes célebres como el tramposo, ese que con tal de ganar, es capaz de cambiar las reglas, parece saberse todos los trucos, (e incluso se los sabe), pero aún así, tan hábil como pudiera ser, ignora de dónde salieron las cartas y quien las inventó.
La pasta dental es antiquísima
La pasta dental es antiquísimaEstá en un error quien piense que la pasta dental es un invento moderno, o incluso algo antiguo. En realidad es antiquísima y data de unos cuatro mil años, según datos hasta ahora conocidos.
Esta muy útil maravilla que tanto aporta a la higiene dental se atribuye al médico romano Escribonius Largus, quien vivió en el siglo I de nuestra era, sirvió en la corte del emperador romano Claudio y es reconocido por sus acertados aportes a la farmacopea.
Entre los logros de Largus que trascendieron a la posteridad, figuran el haber compilado una lista de 271 prescripciones médicas y según su propia obra escrita, tuvo la visión de pensar en términos como la ética médica, la vocación necesaria para estos profesionales a los que recomendaba ser “un buen varón, experto en el arte y la ciencia de la medicina y lleno de misericordia y humanidad”.
Con todos estos elementos, no resulta extraño comprender que este romano viera en la limpieza bucal una forma de higiene importante para la salud humana en general.
Por supuesto la fórmula de aquella pasta dental no tiene nada que ver con la que conocemos hoy, ya que la más añeja de que se tenga noticia se componía por una mezcla de vinagre, miel, sal y aunque parezca increíble, cristal machacado.
Pero no todo el mundo usaba este compuesto, la realeza egipcia utilizaba una sustancia llamada clister, elaborada a base de piedra pómez pulverizada, sal, pimienta, aguas, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra.
También se sabe que durante la época de Escribonius era común el uso de orina humana para limpiar los dientes, debido a sus propiedades blanqueadoras provenientes del amoniaco que contiene.
Los actuales dentífricos poseen incluso elementos que protegen y previenen enfermedades, tanto de las encías como de los propios dientes y eliminan bacterias, además de poseer sabores que van desde la fresca menta a las frutas, que se supone prefieren los niños.
¿Por que molestan los “flachazos”?
FlachazosDe las pocas cosas que pueden molestar al sacarnos una fotografía, (además de quedar feos) es el “flachazo” sobre los ojos.
Este fenómeno que ocurre cuando nos llega velozmente luz sobre los ojos, por ejemplo, desde la cámara fotográfica, está vinculado a un mecanismo que sucede en nuestra retina.
Alrededor de los ojos tenemos una proteína llamada púrpura retiniana o dopsina, que al ser alcanzada por una luz muy intensa, la estimula. Sus moléculas reaccionan descomponiéndose, y este proceso da origen a un impulso eléctrico que es transmitido al cerebro a través del nervio óptico.
Si la luminosidad es normal, nuestras retinas disponen de suficiente dopsina para funcionar sin sobresaltos, pero cuando el “flachazo”, o incluso la fuerte luz solar nos sorprenden, las moléculas fotosensibles estimulan el nervio en exceso y se produce una saturación.
Por instantes quedamos prácticamente ciegos. El tiempo de esta ceguera es directamente proporcional al tiempo que invierte la púrpura retiniana en recomponerse después del fogonazo. Luego el ojo retorna a la normalidad y nosotros nos dedicamos a mirar con mala cara al fotógrafo.

La historia de secarse el pelo
Una joven aplica a su cabello una secadora manualSecarse el cabello, sobre todo en los climas fríos, resultaba un verdadero engorro y una pérdida de tiempo hasta que, en 1890, apareció la primera secadora eléctrica en un salón de belleza francés cuyo propietario era Alexandre Godefoy.
Se trató de una aspiradora de polvo a la que se le invirtió el mecanismo y en lugar de extraer, expulsaba aire caliente que ayudaba a evaporar el agua.
Hacia la década de 1930, el mecanismo se hizo más complejo al adicionarle gases, pero el resultado fue desfavorable porque dañaba el cabello, a veces de forma tan irreversible, lo que solo tenía arreglo haciendo cortes radicales a fuerza de tijera.
Poco a poco el mecanismo fue mejorando y los enormes cascos secadores invadieron las peluquerías de todo el mundo, pero en 1951 apareció la primera secadora portátil de cabello, que en sus inicios se vendía junto a un gorro plástico unido directamente a la boquilla por donde entraba el aire.
Entre los muchos perfeccionamientos que recibió este utilísimo electrodoméstico, figura que ya entre los años 30 y los 40 poseía diversos mandos para la temperatura y varias velocidades y también con el tiempo aligeró su peso y aumentó el flujo de aire que es, por supuesto, a gusto: frío o caliente.
Innegable la ventaja de las secadoras de pelo, pero cuidado con ellas, porque se trata de aire artificialmente creado por la fuerza de la electricidad, por lo que resulta aconsejable quitar una buena parte del agua de la cabeza con una toalla y luego aplicar el secador a intervalos para que el exceso de aire no afecte el cabello con el tiempo.
Más sobre la sonrisa (o no) de la Gioconda
Mona Lisa o Gioconda, de Leonardo da VinciSi hay un tema del cual se ha escrito mucho, pero mucho, es el famoso enigma de la supuesta sonrisa en el retrato de la Mona Lisa, o Gioconda, pintado por Leonardo da Vinci.
Estudios y especulaciones no faltan: que sonríe, que no, que es una especie de mueca, que si la modelo tenía un dolor, incluso se ha llegado a dudar de su sexo.
Una versión novedosa nos llega desde el sitio digital de la revista española Muy Interesante, donde cuentan que el secreto del “cambio de humor de la Mona Lisa” lo provoca el ojo que la mira, es decir, el nuestro.
Según Luis Martínez Otero, español e investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante, el ojo humano envía señales mezcladas al cerebro y en dependencia del canal por el cual transmita esas imágenes, veremos a la Mona Lisa sonriente o no.
Textualmente explica el experto: “estos canales codifican información sobre el tamaño del objeto, su brillo, luminosidad y localización en el campo de visión. “Algunas veces un canal se impone a los demás y vemos la sonrisa; en ocasiones ganan otros y no la vemos”.
La conclusión del estudio fue presentada por el experto en el encuentro anual de la Sociedad Americana de Neurociencias, celebrado en la ciudad estadounidense de Chicago.
Entre sus experimentos con múltiples parámetros, el investigador mostró a varias personas una pantalla blanca o negra durante treinta segundos antes de proyectar sobre ella a Mona Lisa, y comprobó que era más frecuente percibir su rostro sonriente después de la pantalla oscura.
La cuestión que se plantea es: ¿quería Leonardo da Vinci confundir de esta manera a nuestro cerebro? ¿Es un efecto intencionado? Martínez Otero sospecha que sí, ya que el fabuloso y muy listo pintor escribió en uno de sus cuadernos de notas que “estaba intentando pintar expresiones dinámicas, porque era eso lo que veía en la calle”, afirma en la revista New Scientist.
Así es que ya lo sabemos, si al mirar a la Gioconda vemos que se ríe o está más seria que un juez, no es su culpa, somos nosotros, víctimas de una argucia de Da Vinci y una mala jugada de nuestra retina, que le manda a nuestro cerebro la información que le parece y por donde estima conveniente.
Colores aztecas
Diosa mexica de la LunaEn lengua náhualt, Coyolxauhqui quiere decir cara pintada con cascabeles y representa a la diosa mexica de la Luna.
La diosa como tal se haya esculpida en un monolito donde se narra la historia bastante patética de una mujer desmembrada por su hermano Huitzilpochtli, quien sospechaba que la joven planeaba, junto a sus 400 hermanos matar a la madre de todos, embarazada por cierto del propio Huitzilpochtli.
Según la leyenda, en castigo la muchacha fue asesinada y su cabeza lanzada al cielo.
Calendario aztecaComo es natural, historias como estas resultan imposibles de comprobar porque la inmensa capa de la imaginación las cubre con velo cerrado, pero sí se puede con tecnología avanzada saber por ejemplo, que colores usaron los aztecas para dar vida a sus historias.
Relata AFP que un estudio conocido por estos días, asegura que expertos mexicanos, italianos y estadounidenses llegaron a la conclusión de que la gama cromática de los mexicas solamente constaba de cinco colores.
En el monolito que representa a la diosa de la luna, se encontraron en 2007 “no sólo evidencias de pigmentos rojo y ocre, sino también de azul, blanco y negro”, informó el Instituto de Antropología e Historia de México (INAH) y subraya que por alguna razón no usaron el café, rosa ni verde.
Un informe del INAH asegura que la paleta de los cinco colores mencionados es la que aparece por ejemplo en las esculturas majestuosas de la Piedra de Sol o calendario azteca y la ya citada diosa Coyolxauhqui.
Y bien duraderas resultaron tanto las esculturas como los colores, pues el Calendario azteca, que es la pieza escultórica más conocida de la cultura mexica, estuvo expuesta a la intemperie durante casi un siglo hasta que en el año 2000 se “logró detectar en los poros de la piedra restos de pigmentos rojo y ocre”, explica el INAH en un comunicado.
Restos de los mismos colores fueron vistos también en 2006 en Tlaltecuhtli, la diosa de la tierra y en numerosas cabezas de serpiente sometidas todas a análisis con tecnología de punta y con la participación de arqueólogos, restauradores, geólogos y químicos.
¿Por qué no usaron otros colores los aztecas? Quien sabe si los que preferían para pintar tenían sus propios símbolos, el caso es que el tiempo no ha logrado borrar las huellas de una cultura tan magnífica como antigua.
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