De malaras y curiosidades

Sin dudas uno de los poetas más importantes de Cuba de mediados del siglo XIX fue  Gabriel de la Concepción Valdés , de la ciudad de Matanzas, más conocido como Plácido.

Hijo de una bailarina española y de un mulato peinetero de la ciudad, su vida fue muy azarosa debido a los prejuicios raciales que, unidos a su filiación patriótica lo llevaron a la muerte por fusilamiento.

Siguiendo el fenómeno de la oralidad la siguiente malara  algunos se la atribuyen a él.

Cuentan de un hombre que un día

Su perro enfermo fue a ahogar

Y atado lo arrojó al mar

Pensando que un bien haría.

El sombrero que traía

Voló desde la alta roca

Y cuando con ansia loca

A su casa regresó,

El perro muerto encontró

Con el sombrero en la boca.

CURIOSO.

Más de cien años después un poeta de Bahía Honda  escribe veinte malaras con igual tema e inspiración que llaman la atención y hacen pensar  que se inspiró en la malara que supuestamente escribió  Plácido o que viene de alguno de los poetas de la Época de Oro española.

EL PERRO Y EL PINTOR

-Décimas tomadas del libro Flores Silvestres editado en Artemisa en 1952.

-Poeta y autor: Miguel Ángel Abdala, conocido por Naní.

-Natural de Bahía Honda, Pinar del Río, 8 de enero de 1913

Yo sé de muchas historias

Y anécdotas colosales

De los tiempos inmortales

Que nos cuentan las memorias

Donde muere con sus glorias

Quien brilló en la majestad

Y a la luz de la crueldad

Muchas veces la virtud

Hace que la ingratitud

Llore su perversidad.

Allá en las tierras aquellas

Donde el sol es más brillante

Y la luna, palpitante,

Se besa con las estrellas,

Donde las mujeres bellas

Y hermosas del Pakistán

Se compraban con afán

Para surtir al morboso

Harem de algún poderoso

Y despótico sultán,

Donde la mitología

Nos relata algún suceso

Que en el siglo del progreso

Luce como fantasía,

Donde a Teofanía un día,

Ofendido en su decoro,

Neptuno con gran desdoro,

En oveja convirtió

Y ella, en premio, le alumbró

Al Vellocino de Oro.

Desde allá viene este regio

Y sublime anecdotario

Que traduzco en el glosario

De mi estancia en el colegio¨

Un pintor de privilegio,

Herido en lo más profundo

Por el destino iracundo

De un lebrel en compañía

Mendigando recorría

Los arrabales del mundo.

Quien fuera invicto bajel

En los mares de la gloria

Y rubricara su historia

Con el lienzo y el pincel,

Rodaba con su laurel

Envuelto en frío sudario

Con el destino contrario,

Lleno de pena y sin luz

Como Cristo con su cruz

En su camino al Calvario.

Caminaba noche y día

Llorando en desolación

Como llora su aflicción

Una existencia vacía.

Tan pronunciado se hacía

Su vivir calamitoso

Que solo un cielo piadoso

Facilitábale abrigo

Sin contar con otro amigo

Que su galgo cariñoso.

Veces mil se fatigaba

Y sin caminar poder

A la sombra de cualquier

Arbolejo se acostaba.

Su perro lo custodiaba

Siempre astuto y expectante

Y como fiel vigilante

Aullaba con insistencia

Al descubrir la presencia

De cualquier ser ambulante.

Hubo más de una ocasión

En que le anunció liviano

La presencia de un villano

Y peligroso león

Y en su agitada misión,

Defensiva y espinosa,

Si apreciaba cualquier cosa

Corría con interés

Arrojándola a los pies

De manera generosa.

Un día que la fortuna

Hace brillar su farol

Con resplandores de sol

Y transparencias de luna,

Presentándose oportuna

En la sombra del camino

Con el embrujo divino

De su luz omnipotente

Hace variar de repente

Los mandatos del destino.

Y aquel que vagaba errante

Sin recurso y sin abrigo

Disfrazado de mendigo

Como en la trama del Dante,

Tropieza con un brillante

Rayo de luz que la Diosa

Desprende de su preciosa

Lámpara resplandeciente

Para iluminar su frente

Con claridad milagrosa.

Y fue en una exposición

Sus cuadros conmovedores

Le valieron los honores

De la glorificación.

El Rey de aquella nación

Por el lauro conquistado

Le consagra, emocionado,

Como gloria nacional

Y lo nombra principal

Heredero del reinado.

Su asombro se multiplica

Cuando el monarca interesa

Su enlace con la princesa

Tan hermosa como rica.

Con pompa se verifica

La ceremonia nupcial

Y en su atuendo colosal

De colores atractivos

Brillaban los distintivos

De la comitiva real.

Artífice  primoroso

Obsequia a su dama bella

Con un lindo cuadro y ella

Le da un sombrero precioso.

Fijan su nido amoroso

En un castillo flamante

Hecho de mármol brillante

Con balcones de oro fino,

Ventanales de platino

Y columnas de diamante.

Pero como jamás el

Balandro de la victoria

Toca el puerto de la gloria

Sin tributar arancel,

Tuvo que apurar la hiel

Por su triunfo requerida

Cuando la princesa erguida

Se declara contra el perro

Que fue todo en el destierro

Tormentoso de su vida.

Y nació en su corazón

Un proyecto criminal

Cuando en el pobre animal

Concentraba su atención.

Más que  la reputación

Pudo su linaje cruel

Y vencida por aquel

Egoísmo de su herencia,

Dicta una injusta sentencia

Contra el humilde lebrel.

El tiene en su perro santo

Un cariño verdadero

Porque fue sus compañero

En las horas de quebranto.

Lo mira lleno de llanto

Ya que nada puede hacer

Debido a que su mujer

Es la princesa que ordena

Y él no es más que un alma buena

Que no sabe disponer.

Y una mañana glacial

Tristemente neblinosa

Más bien bajo la furiosa

Gimnasia de un vendaval

Cumpliendo la orden fatal

Cargó a su perro adorado,

Lo besó y desesperado

Salió corriendo intranquilo

Para lanzarlo en un Nilo

Que corría desbordado.

Más que pálido, sombrío

Desde una elevada cumbre

Lo arrojó con pesadumbre

A las entrañas del río,

Pero su dolor impío

Se duplica cuando tan

Devastador huracán

Vuela su lindo sombrero

Cayendo al río ligero

Casi junto con el can.

Acaricia la intención

De rescatar la sagrada

Prenda que le fue otorgada

Como glorificación,

Pero la revolución

De aquel monstruo de repente

Le dejó medio inconsciente

Cuando miró, sorprendido,

Su recuerdo conducido

A merced de la corriente.

Llorando de sentimiento

Al castillo regresó

Y desmayado cayó

Al entrar en su aposento.

Qué penoso sentimiento,

Qué dolor tan homicida,

Rato cruel en que la vida

Nos invita a dormitar,

Pero nunca despertar

De nuestra pena dormida.

Rato de negro tormento

En que la conciencia impura

Se estrella contra la dura

Roca del remordimiento.

Qué cosa en ese momento

No hubiera gustoso dado

Por conservar a su lado

Aquel sombrero que un día

Fue símbolo y alegría

De su triunfo conquistado.

Y cuál fue su desespero

Cuando el perro apareció

Moribundo y se lanzó

A sus pies con el sombrero.

Mundo cínico y artero

Que ostenta la vanidad

No puede en su falsedad

Reconocer la virtud

Hasta que la ingratitud

Llore su perversidad.

Colaboración del escritor Lorenzo Suárez Crespo

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