La más cercana a mi corazón

El amor engendra la maravilla
El amor engendra la maravilla

Un hermoso testimonio para el Día de las Madres. Al leerlo sentirás que solo el amor engendra la maravilla.

Luisa todavía conserva detalles que avalan la belleza que debió adornarla en sus años mozos. Ojos expresivos, dedos largos, acostumbrados al trabajo diario y esa sonrisa suya, que apacigua y da confianza

Aunque concibió dos hijos cuando ya casi lo creía imposible,  el sentimiento maternal se asentó en su corazón desde los 16 años. Los testimonios de su vida parecen pasajes extraídos de una novela.

“Tengo 78 años, he vivido más de lo que imaginé y confieso sentirme satisfecha con los tesoros que me ha dado la vida: tres hijos sanos, estudiosos, que me adoran y son el consuelo de mi vejez. Los más pequeños ya peinan canas, son graduados universitarios, uno se especializó en ingeniería forestal, el otro es dirigente sindical, y la mayor es licenciada en enfermería.

“Pero mi vida no siempre fue tan tranquila, ni sosegada; tuve etapas tristes, de esas que no se van de la mente con nada. No es fácil tomar decisiones fuertes con solo 16 años. Estas son historias que a veces cuento para que la gente vea hasta donde puede llegar el amor, los sentimientos y el humanismo.

“Yo vivía en el campo con mis padres, en una casa muy mala en el medio de una vega de tabaco. Por desgracia mi mamá no pudo soportar el segundo parto y mi hermana nació en una ola de tristeza.

“Aquella pequeña no dejaba de llorar, tenía hambre, necesitaba un regazo y sin pensarlo mucho la tomé entre mis brazos. Se aferró a mí, buscaba mis pechos y la desesperación me invadió. A partir de ese momento supe que ya era madre, una responsabilidad de la que jamás me quise alejar.

“Tuve que madurar a una velocidad vertiginosa pues debía atender la casa, a mi padre, que metía la cabeza en el zurco para olvidar sus pesares y a la pequeña Berta.

Un vecino me hizo un corral y cuando mi hermana despertaba la ponía allí, para tenerla a la vista y fuera de peligro, y cada vez que tenía un chance le daba un cariñito.

“No olvido la primera toma de leche porque por poco se me ahoga mi hermana con el desespero, y el primer puré fue una malanga con un muslo de pollo navegando en una cazuela de agua.

“Poco a poco fui aprendiendo a ser madre. Lo más bello era verla acurrucada a mi lado en la cama, pues parecía que su improvisada cuna tenía espinas. Casi sin darnos cuenta fue creciendo, correteaba detrás de los animales, se subía en las matas de guayaba, hacía maldades y daba besitos a todo el que apareciera.

“Cuando cumplió los seis años me encargué que fuera a la escuela, conmigo casi analfabeta ya bastaba. Yo tenía 22 años, era una guajira fuerte, dicen que hermosa, y tenía algunos pretendientes que mi papá azoraba con todo tipo de excusas. El amor apareció un poco después.

“El primer día acompañé a mi hermana a la escuela y allí estaba el maestro Roberto: lindo, serio, listo para dejarse amar y no dejé pasar esa oportunidad. No dudé juntarme con él y las cosas cambiaron mucho, claro que para bien. A su lado aprendí mucho pero no salía embarazada, de esa forma mi hermana era nuestra única hija.

“A los 38 años, cuando ya ni lo esperaba, engendramos a  Gabriel y al otro año a Pedro, fueron dos nuevos motivos de felicidad. En esa etapa Berta casi terminaba sus estudios de enfermería y me ayudaba en todo, teníamos una complicidad tan grande que solo necesitábamos mirarnos para saber qué queríamos.

“Les cuento todo esto para que vean lo importarte que es mirar a la cara a los problemas, dar mucho amor. Ahora tantos desvelos son revertidos por toda mi familia, parece que ahora la pequeña de casa soy yo, todos se desviven por cuidarme, porque los problemas circulatorios andan molestando bastante. A veces los oigo cuchicheando por algún cuarto y me hago la boba, pero sé que andan organizando una fiesta por el día de las madres.

“Adoro ver a todos juntos aquí en mi casa, pero debo por último confesar algo: quiero a mis hijos entrañablemente pero por Berta siento una tremenda predilección. Una vieja amiga me dice que es porque le tengo lástima, pero lo cierto es que esta hija, aunque no estuvo en mi vientre es la más cercana a mi corazón”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s