África en Cuba: Una de las raíces de la identidad

El componente africano de la identidad cubana legó a la nación caribeña una fuerte cultura de resistencia, multicolor patrimonio artístico y filosófico y  fisonomía mestiza.
Todas las manifestaciones de las artes, el español hablado por los cubanos, la culinaria, la religiosidad, la medicina tradicional, la percepción de las realidades y las concepciones sobre la familia, la vida y la muerte en la Isla, están influidos en buena medida por los ancestros traídos desde África.

En el siglo XVI, como resultado del proceso colonizador, millones de africanos de diferentes etnias fueron forzados a abandonar sus hogares para ser traídos a América.

Yorubas, congos, dahomeyanos y carabalíes resultaron mayoría de quienes llegaron convertidos en mano de obra destinada a los trabajos más duros que, en condiciones despiadadas, generaban riqueza para la metrópoli española.

De ahí que la historia espiritual del país caribeño resulte tan híbrida y sincrética, incluso al interior de las prácticas religiosas de origen afro.
Hombres fuertes, sanos y mujeres bellas, se convirtieron en la fuerza de laboreo principal de la economía de plantaciones desarrollada en América y el Caribe en cruel proceso.

Sin embargo, los esclavos se impusieron a la agresividad colonialista y aportaron su impronta a la vida cultural, económica y social en los espacios donde fueron introducidos.

La oralidad y la memoria colectiva insertaron a los negros en el sistema sociocultural cubano desde los primeros momentos de la formación de su identidad.

Las sublevaciones de esclavos y el cimarronaje son algunas de las primeras manifestaciones de la vocación libertaria de la nación; las guerras de independencia contaron con la participación masiva de afrodescendientes, entre quienes surgieron algunos de los brillantes jefes del Ejército Libertador.

Y mientras cristalizaba la cultura cubana mestiza, el negro aquí se volvió criollo.

La música, síntesis de elementos en los rituales negros y la fuerza de sus tambores, creó su propia sonoridad con ritmos marcados y riqueza melódica de armonías alegres y optimistas.

El movimiento teatral nació de la expresividad y las tradiciones orales basadas en los ritos y el amplio sistema mitológico africano.

Qué decir de las religiones populares, arraigadas y con elementos de las filosofías animistas que priman en toda el África negra.

Fernando Ortiz describió ese componente identitario como la tercera raíz de la nación.

Pero ya lo dijo el etnólogo Miguel Barnet: “para Cuba la presencia africana no es una tercera raíz, sino una esencial y definidora, en franca concomitancia con la hispana y la asiática”.

El municipio habanero de Guanabacoa, tierra que muchos identifican como elegida de los dioses negros, mantiene vivas las centenarias tradiciones folklóricas legadas por los africanos.

Desde este lunes y hasta el 28 próximo, nuevamente la Villa es escenario del Festival de Raíces Africanas Wemilere, expresión de la vigencia de ese componente cultural de la identidad cubana.

Todas las artes, marcadas por la impronta del “continente negro” se mostrarán, en la fiesta dedicada a los orishas.

Investigadores, artistas y practicantes de las religiones africanas de siete países se reunirán en el encuentro que se realiza de manera anual, desde 1989, como parte del sistema de festivales que en el país evidencian el patrimonio cultural legado por los africanos.

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