Valle y Cañón del río Santa Cruz. Su historia (I)

Uno de los escenarios más extraordinarios de la geografía de la provincia de Pinar del Río, es el Cañón del Río Santa Cruz; sin embargo, increíblemente, es poco conocido por la población en general. Esta abrupta topografía, encierra maravillosos atractivos y valores de la naturaleza y la historia. Es precisamente, sobre este último elemento, al cual se referirá el presente artículo.  

La cuenca del Río Santa Cruz, en la porción montañosa que ocupa de la Sierra del Rosario, es uno de los escenarios que atesora evidencias disímiles de la presencia humana. Los ecosistemas establecidos a lo largo de esa espectacular topografía, han permitido durante milenios, la existencia de abundantes alimentos silvestres, los cuales ayudaron en la supervivencia de los primeros pobladores que ocuparon el archipiélago cubano, en particular esta zona.

En la década del 80 del siglo XX, investigadores del Museo de Candelaria y de los grupos espeleológicos de esa población y de San Cristóbal, realizaron importantes hallazgos arqueológicos, que prueban la presencia de los primeros humanos que habitaron esta región. En el mismo lugar, donde el Cañón se encuentra con la llanura, se ubicó un importante asentamiento aborigen, donde a pesar del grado de alteración antrópica posterior, aún es posible colectar valiosas piezas arqueológicas de la cultura prehispánica.

Las evidencias han permitido caracterizar al grupo humano que habitó en este sitio. El mismo, se ubica en el estadío de desarrollo mesolítico; lo que proporciona la vía para saber, que estos humanos vivían una vida precaria, directamente vinculados a la naturaleza. De ésta obtenían los productos en correspondencia con los ciclos naturales; de los cuales eran amplios conocedores. Por lo tanto, no es de dudar, que la cuenca del Santa Cruz, sirviera de fuente de aprovisionamiento de los primigenios pobladores.

Uno de los elementos más interesantes de esta cultura primitiva, son sus expresiones mágico-religiosas y simbológicas. En la cueva de “La Jarra”, situada en la vertiente oriental del Cañón del Río Santa Cruz, y como elemento que daba la bienvenida en el umbral de la cavidad subterránea, existió hasta hace poco tiempo, una formación estalagmítica, sobre la cual los aborígenes plasmaron un conjunto de señales idénticas, a modo de petroglifo. Las mismas, posiblemente estuvieron vinculadas a enterramientos humanos, pues en el pequeño salón que servía de antesala del acceso a la caverna, fueron hallados restos humanos, que pertenecían a un enterramiento secundario. Es sabido que esta práctica funeraria, estaba precedida por un ritual, lo cual pudo dejar como constancia de su realización, este curioso e indescifrado petroglifo.

Nada se sabe hasta el presente, qué pasó con los pobladores del asentamiento aborigen del río Santa Cruz. Es muy posible hayan corrido la misma suerte que otros, al ser absorbidos por la cultura de los conquistadores europeos, quienes en su avance colonizador, llegaron a esta zona a mediados del siglo XV.

El sector montañoso del río Santa Cruz, al repartirse los predios ganaderos en la indicada centuria, quedó incluido dentro del área de las haciendas Rangel, la San Bartolomé y la Chavarría o Santa María de la Sierra. Del primero se ignora el dueño inicial y la fecha; el segundo se le otorgó a Diego Peralta, el 11 de abril de 1657 y el último a Rafael Palma, el 6 de agosto de 1674. A partir de este otorgamiento, la cuenca del Santa Cruz se convirtió en escenario del desarrollo ganadero, que caracterizó los primeros siglos de coloniaje español. En particular, la cría de cerdos fue lo que predominó, al ser los terrenos buenos para esta actividad. Los cerdos estaban destinados a alimentar a la bulliciosa población habanera, y a los numerosos visitantes que arribaban a ese puerto.

Así se mantuvo, hasta que a finales del siglo XVIII, los cambios económicos introdujeron nuevos aires a la región. La pujante economía basada en plantación de productos comerciales (caña y café), terminó por desplazar la obsoleta economía ganadera. De esta manera, en la cuenca del Santa Cruz, aparecieron algunos cafetales, como el San Joaquín, de Joaquín Balestena. Es necesario aclarar, que esta zona era el límite occidental de la zona cafetalera desarrollada en la Sierra del Rosario; por ello, el número de plantaciones surgidas en esta parte es muy bajo.

El auge de la plantación trajo consigo el aumento de la mano de obra esclava africana, y con ello, las demostraciones de inconformidad de éstos, con relación al régimen de servidumbre impuesto. La accidentada topografía del Cañón del Río Santa Cruz, se convirtió en uno de los principales bastiones de los esclavos fugitivos. Precisamente, éste era el escenario donde se movía la cuadrilla de la Madre Melchora, legendaria cimarrona que burló infinidad de veces a sus perseguidores.

La estrategia empleada por los rebeldes, se relacionaba con las características del terreno. Esto quiere decir, que mientras más inaccesible fuese el sitio, mejores condiciones tenía para el aislamiento y protección; por ello, las paredes del cañón del río Santa Cruz, se transformaron en murallas naturales, en las que se refugiaron los cimarrones, desafiando a los más osados rancheadores.

Debido a estas peculiaridades, la zona tomó gran auge en la cimarronería. La activa presencia del esclavo rebelde en el Río Santa Cruz, provocó que fuese un punto donde los tenebrosos “cazadores de hombres” y sus fieros perros, realizaran sus batidas. Son múltiples los testimonios documentales que han quedado de este período (primera mitad del siglo XIX), salidos de la pluma de los propios perseguidores.

El 3 de abril de 1815, el rancheador Matías Pérez Sánchez, realizó un minucioso registro por las elevaciones del Rangel; posteriormente descendió por el Río Santa Cruz para desembocar finalmente en la llanura Sur, sin haber hallado nada1. Cuatro años después, el 20 de marzo de 1819, otro rancheador, Ramón Machín, llegó al río después de haber recibido el reporte de la existencia de cimarrones en esta zona. Según su diario, en esa ocasión encontró en los paredones de la vía fluvial una ranchería “[…] que la habían [abandonado] y un gran número de palmas tumbadas […]”2.

Comisionado por el Gobierno, el alférez Gaspar Antonio Rodríguez, realizó durante cierto tiempo constantes pesquisas tras los cimarrones. El 20 de octubre de 1820, fue informado de que en el Río Santa Cruz se hallaba una cuadrilla, por tal motivo se dirigió hacia este paraje, revisándolo minuciosamente por espacio de dos días, sin que pudiera encontrar rastro alguno.3

Un grupo de soldados del Regimiento de Lanceros, al mando del oficial, Fernando de Osma, atacaron en enero de 1833, un palenque en las elevaciones del cañón del mencionado río. El encuentro fue reñido, debido a la resistencia de los rebeldes; finalmente el Capitán de la Cuadrilla nombrado Felipe, de la etnia Ganga, cayó en manos de los soldados.4

El 6 de octubre de 1837, uno de los más sanguinarios rancheadores, Francisco Estévez, hacía constar en su diario: “[…] encontramos un rastro […] lo seguimos hasta el río Santa Cruz de los Pinos que nos llevó a un gran palenque que había en una de estas sierras, cuyo nombre ignoro […], [los negros] nos vieron antes de llegar, de suerte que fue necesario atacarlos […]”.5

Nuevamente, el 1 de noviembre de 1838, Estévez se acercó al río Santa Cruz, consignando en sus memorias: “[…] [el Teniente] tomó práctico en San Diego de Tapia, como yo se lo había ordenado, y fue a las cabezadas del río Santa Cruz, y encontró la cuadrilla de la Madre Melchora que se componía de 40 negros y que sólo pudieron malherir a 3 que fueron los que vieron a la larga distancia, en la llanura de un paredón […]”.6

Hasta el momento el último reporte de operaciones realizadas en la zona corresponde al 26 de agosto de 1841.7 En esta fecha, Estévez ubicó una ranchería vacía, en el paraje denominado, en aquella época, “Mabenge-rajado-del río Santa Cruz”.

Continuará….

1- Matías Pérez Sánchez: Diario de operaciones… Inédito.
2- Ramón Machín: Diario de operaciones… ANC. Junta de Fomento. L. 147, Nº 6934
3- Gaspar Antonio Rodríguez: Diario de operaciones… ANC. Junta de Fomento. L. 141, Nº 6940.
4- ANC. Gobierno Superior Civil. L. 616, Nº 19684.
5- Cirilo Villaverde: Diario de un rancheador. p. 65.
6- Ibídem. p. 88.
7- Ibídem. p. 131.
Tomado de: El Explorador Digital
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One thought on “Valle y Cañón del río Santa Cruz. Su historia (I)

  1. Me ha encantado esta recopilación de historias sobre el Rio Santa Cruz. Lo he encontrado pues realizo un estudio de insectos de ese rio y buscaba información sobre el cañón. Me gusta como lo has escrito y compilado.
    Un saludo!

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