El Camilo que amo

Hoy, las niñas de mi barrio tocaron a mi puerta para que les regalara unas flores para Camilo, ese detalle me encantó porque me hizo recordar la etapa en la que tambien era una niña y corría por todo el barrio buscando las flores más lindas para llevarlas hasta el río, donde nos reuníamos cada 28 de octubre y entre canciones y poemas nos sentíamos tan cercanos a ese hombre de la sonrisa amplia: Camilo Cienfuegos.

Crecí queriéndolo gracias a mi maestro Roberto Benítez, porque nos hablaba de sus heroicidades y en nuestras mentes infantiles lo veíamos como un ídolo, no como el hombre de carne y hueso que poco a poco fuimos conociendo después.

Adoro su sencillez, su carácter afable y ese humor que nunca lo abandonó, así se lo trasmití a mi hija, quien ahora desde la escuela donde labora como instructora de arte, irradia ese mismo amor  con sus pequeñines.

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