Historia para ser contada

El proyecto “Por amor al arte” me ha acercado a las prisiones de mi provincia, he palpado cuánto se hace para que los internos enriquezcan su cultura, fortalezcan valores y logren una adecuada reinserción social.

Estar privado de libertad es muy duro pero lo es mucho más si realmente no cometiste ese delito y eres sancionado a pena de muerte. Sobre ese tema conversaba en estos días con unos reclusos y ellos se referían a lo justas que son las leyes en Cuba, y a todos los programas que existen en prisiones para que las vidas de los  privados de libertad sea digna. A ellos les hablé del caso de Mario Flores, un hombre que estuvo 20 años esperando en el corredor de la muerte de Estados Unidos, por una pena injusta.

La historia de este hombre es increíble y también la pongo a disposición de todos los lectores de mi blog.

pintura de Mario Flores
pintura de Mario Flores

Mario Flores Urbán no es un pintor al uso, no es un pintor normal y corriente, no es un joven que por inspiración y cualidades se dedicó a pintar. Mario Flores lo hizo para huir de un infierno, pues sus cuadros fueron pintados allí. Cuadros en los que sobresale su perfecto realismo y llama la atención en ellos el resplandor de la luz y su intenso color. Ambos detalles (luz y color) iluminaron el camino para salir de aquella terrible pesadilla.

La historia de Mario Flores ha sido de lo más irreal: un joven que en la flor de la vida fue, como dijo Albert Camus en un manifiesto contra la pena de muerte, “raptado y encerrado en un zulo (de menos de tres metros cuadrados), en un sótano sin luz natural y con la amenaza constante de que lo iban a matar”. Esta historia hace honor a aquello de que “la realidad supera a la ficción”. Tenía 19 años cuando fue detenido, acusado de un crimen que es seguro que no cometió. A esa edad, Mario Flores sólo tenía la experiencia de ser un buen estudiante y un deportista preolímpico en la especialidad de salto de trampolín; estaba becado para entrar en la universidad y en ese momento le rompen la vida, con la acusación de un homicidio. Quien acusa y logra incriminarle es el principal sospechoso de la policía, quien había convenido con la fiscalía encontrar un cabeza de turco que pagara el crimen. Los padres de Mario buscaron un buen abogado y vendieron su casa para sufragar los gastos de la defensa. Pero una semana antes del juicio, el abogado muere y lo sustituye su ayudante, que apenas tiene experiencia, y menos todavía en asuntos judiciales de esta envergadura. Todo salió mal: el fiscal, que luego llegaría a fiscal general del Estado, logró que Mario Flores fuera condenado a muerte. De esto hace 20 años.

Mario Flores ha permanecido en ese infierno 20 años. Aunque en la actualidad apenas representa 30, ha pasado 20 años en un minúsculo habitáculo de poco más de dos metros por uno y medio, un espacio donde apenas podía darse la vuelta y tenderse en un camastro, que además le servía de asiento. ¿Cómo pudo resistir y no volverse loco? Esto es casi un milagro. Un condenado a muerte español y liberado por la titánica labor de sus padres y del pueblo español, Joaquín José Martínez, no se lo explica, pues después de ocho años en esa espera insoportable es muy difícil no caer en la locura. Mario Flores dice: “Mi preparación deportiva de alta competición, que me enseñó a superar estados máximos de tensión y dificultad, ha sido uno de los motivos por los que he podido sobrevivir cuerdo en este infernal lugar; también el hecho de haberme dedicado intensamente al estudio de una carrera, a la teología y sobretodo y finalmente al mucho tiempo dedicado, en los últimos años, a la pintura.”

Así, concisamente, ha sido la vida de Mario en el Corredor de la Muerte. Primeramente se dedicó a estudiar abogacía, a través de la universidad a distancia, y llegó a completar una diplomatura. En una especie de “gabinete legal”, aconsejaba en los casos de diversos condenados y logró sacar del Corredor a cuatro de ellos, uno de los cuales puesto en libertad al demostrar Mario dónde radicaban los fallos de su juicio y declararlo otro jurado “no culpable”. Pero esta actividad le es prohibida, y para no estar inactivo se dedica a estudiar profundamente las religiones, lo que le hace llegar a un estado místico de conocimiento de Dios y de su filosofía y a leer cuantos libros caen en sus manos, que le hacen elevar su espíritu, hasta que en 1992 comienza a pintar. “El mucho tiempo que dedicaba a la pintura me ha hecho olvidar el lugar en el que me encontraba, pudiendo huir a través de mis cuadros de este horrible lugar. La pintura finalmente me ha salvado la vida”, escribía Mario hace varios años, en una entrevista epistolar de un periódico de Málaga.

Verdaderamente la pintura le ha salvado la vida, porque hace cuatro años, por una casualidad o causalidad (esto dice él), me llegó una carta de Mario diciendo que su caso había sido comparado, en un reportaje de una televisión estadounidense de habla hispana, con el de Joaquín José Martínez, que andaba entonces y con la ayuda de los españoles camino de salvarse. Mario me pedía, en un mensaje dramático: “¡por favor, salvadme a mí!”. Como era pintor, le pedí que me enviara sus cuadros para hacer exposiciones por toda España y poder dar a conocer su situación, así como hacer campaña de todo tipo por su liberación. Se hicieron 15 exposiciones en dos años y medio, una de ellas, y de las más bonitas y positivas, fue aquí, en la Universitat de València. Aquí, como en otros lugares, se dieron conferencias y charlas y se recogieron cartas pidiendo a las autoridades estadounidenses la libertad para Mario o un nuevo juicio, para lo que se habían conseguido pruebas de que él no estaba en ese lugar cuando se cometió el homicidio, o que se le otorgase el perdón por parte del gobernador de Illinois, autoridad que estaba a punto de abandonar su cargo. Fueron millares de cartas las que recibió el gobernador pidiendo clemencia, cartas que se recogían en las exposiciones (en Valencia fueron muchas), en mesas informativas que se establecieron en la vía pública, en vestíbulos de Correos, en conferencias y mesas redondas, incluso en espectáculos musicales, con artistas concienciados contra la crueldad de la pena de muerte. En algunas ciudades, en plenos de los ayuntamientos y diputaciones, se aprobaron mociones de apoyo a Mario y contra esa infame condena en general. Desde un principio se creó una asociación, Vida y Libertad – Salvad a Mario Flores, y un reducido grupo de personas, además de organizar cuanto he explicado, pudimos llevar el caso de Mario a Suiza, donde gentes humanitarias organizaron varias exposiciones y ayudaron intensamente a dar difusión internacional a este caso. También llegó a muchos países a través de distintos organismos, asociaciones y personalidades que al conocerlo se involucraron en la campaña. Es significativa la colaboración de Joaquín José Martínez y sus padres, que recibieron a los padres de Mario cuando vinieron a la primera exposición en julio del 2001, encuentro que fue de gran emoción. La familia Martínez presentó en muchas ocasiones las exposiciones y explicó sus experiencias, lo que nos ayudó mucho a llevar nuestros esfuerzos por buen camino.

Después de 20 años en el Corredor de la Muerte, ese minúsculo y personal infierno donde estás marcado hacia una muerte vil, alevosa y denigrante, a la que se condena en un alto porcentaje a inocentes, Mario Flores hoy ha conseguido su libertad. Mario Flores hoy es un hombre libre que quiere rehacer su vida, es su intención comenzar una carrera universitaria que no pudo cursar, en su momento, por esa terrible experiencia, y quiere seguir pintando para sacar adelante una vida honrada y feliz. Ahora se celebra una nueva exposición de Mario en Valencia. Motivados por la magnífica experiencia de aquella primera, hemos vuelto a solicitar esta posibilidad en agradecimiento a aquella ayuda, una ayuda que por la salvación de Mario Flores recibimos de los valencianos y particularmente de la Universitat de València. Pero hoy estaremos, junto a sus cuadros, con Mario Flores en persona. Yo os digo lo mismo que dijo una alta autoridad de Málaga cuando lo conoció: “no hay más que verlo para saber que es inocente”. Mario Flores ha salido del infierno y está con nosotros. Ha revivido y vencido a la muerte y está con nosotros. Esta experiencia nos hace comprender lo importante que es ayudar a los demás, porque todos podemos ser, en una mala ocasión, Mario Flores.

obra de Mario Flores
obra de Mario Flores

 

 

 

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