Dejar los problemas en la puerta

El carpintero contratado para reparar una vieja casa, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se estropeo y le hizo perder una hora de trabajo y después su antiguo camión se negó a arrancar.Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños  hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompañó hasta mi automóvil. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le  pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

“Oh, ese es mi árbol de problemas“, contestó. Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez.

Lo divertido es, añadió sonriendo, que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior…”.

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3 thoughts on “Dejar los problemas en la puerta

  1. gracias por permitirme conocerte una vez mas, y ser una de las persona tan maravillosa y creatitiva que pueda existir, admiro las mujeres que tienen esa espiritualidad de progreso y superacion tan enorme, que la creaciones de las cosas le vienen por sin solo a su mente, esa puerta abierta esta maravillosa pues es para todo aquel que entre se deshaga de todo su problema y lo deja afuera, es como cuando esta lloviendo y vamos a entrar tenemos que quitarnos los zapatos, para no ensucial dentro, felicidades, besos eres maravillosa,

  2. Isa, placer siento cuando visito tu blog. Me gusta tu sensibilidad para relatar historias de la vida. Los árboles quizás a veces guardan una energía especial, añosos algunos y testigos del paso del tiempo, transmiten sensaciones especiales. Tú visitas mi blog y sabes que también relato cosas de la vida. Viví mucho tiempo en la Patagonia, en la Isla de Tierra del Fuego, a veces llamada la isla del fin del mundo, en ese lugar conocí a un anciano que un día mientras caminábamos por un bosque de Lengas, me enseño a sentir la energía de esos árboles, aunque parezca una locura meditar y apoyar la espalda en contra de un árbol en ese lugar de bosques milenarios, hace sentir sensaciones extraordinarias.
    —————–
    Aquí te adjunto un post de una escritora de Chile muy amiga mía, a ella un día le regale una foto de un árbol que siempre observo detenidamente en la costa del Río Uruguay, en Uruguay. Ella compuso unas letras para esta postal.
    http://patriciagomez.wordpress.com/2011/02/21/entre-el-cielo-y-la-tierra-8/

    Un abrazo
    Cruz del Sur

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