La curiosidad y los niños

"cuando estoy activamente interesado en algo, es muy difícil interrumpirme"

La curiosidad es propia de los niños. Ellos nos sorprenden con preguntas increíbles y nuestras respuestas a veces se anudan en la garganta. ¿Por dónde nací? ¿qué es hacer el amor? ¿Por qué está arrugado mi abuelo? ¿A dónde van los que se mueren?

Cierto que a veces es dificil dar una respuesta bien atinada y en correspondencia con las edades de los pequeñines, pero lo importante es no evadirlas porque es vital desde edades tempranas crear un ambiente de confianza y compenetración, sin que haya tabúes entre niños y adultos.

La curiosidad puede decirse que es el deseo de ver, de conocer, de saber. La curiosidad tiene muchas acepciones, que van desde el fisgoneo hasta la indiscreción, desde la investigación hasta la rareza o la novedad. Pero también significa aseo, limpieza, esmero, primor, pulcritud y cuidado, cuando se dice que algo curioso es interesante o significativo. Más la curiosidad no es lo mismo que curiosear, que es el cuando una persona intenta averiguar lo que no le importa. Como se ve la curiosidad tiene realmente dos aspectos, uno positivo, que conduce al saber, y otro negativo, que conduce a la cotilleo. Si esto es así, ¿se debe promover que el niño sea curioso? La curiosidad es indispensable al pensamiento científico, y siempre en la base de toda pregunta que se hace un erudito o un hombre talentoso, hay una gran curiosidad por saber las respuestas del mundo circundante ante las preguntas que se hacen. El niño casi desde su nacimiento, es naturalmente curioso, y es por eso que se pone en contacto con los objetos y los adultos que le rodean, para saber como son, como se mueven, porqué están ahí. En la base del conocimiento está la curiosidad del hombre por saber.

Es por eso que al niño pequeño, desde la más temprana infancia, hay que enseñarle a ser curioso desde el punto de vista positivo, y tratar de evitar la curiosidad no edificante, enseñarle las normas hasta donde es posible inquirir, y hacerle conocer la reglas que la sociedad impone al libre conocimiento. Claro está que para el niño lo anteriormente dicho no tiene significado, y él solo quiere saber más y más. Y es tarea del educador encauzar ese deseo de conocer hacia vías que le posibiliten cada vez un mayor desarrollo intelectual.

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