Las motivaciones

 
De niña me gustaban tantas cosas ya, que cuando me hacían la típica pregunta: ¿Qué quieres ser mayor? no sabía muy bien qué contestar. Me debatía entre ser maestra, doctora, veterinaria; lo primero pues cada niño que llegaba a la casa recibía mis lecciones en la pequeña pizarrita que me habían regalado, la segunda motivación para cuidar a mis seres queridos, principalmente a mi mamá que me tuvo con 44 años, y por último quería recoger a cuanto animalito me encontraba, por esa razón también debía saber cómo atenderlos correctamente.Como en una época de la vida esta pregunta se repite constantemente por parte de los adultos, decidí querer ser algo en concreto, por esto de tranquilizarles y que viesen que seguía por el camino correcto.
Así que casi sin saberlo decidí ser Profesora, y aclaro, casi sin saberlo, porque no sabía cómo llenar la boleta al finalizar el duodécimo y fue el secretario de la escuela el que tomó esta decisión tan importante por mí. No copié de nadie esa idea pero me agradó encaminarme  hacia una profesión tan clásica, tan digna, tan respetada y tan larga.
Parece ser que la respuesta sobre mi futuro laboral les dejó satisfechos.Por aquella época lo que importaba era que se tuviese “coco” para estudiar. Conseguir un título era lo más importante. A mis padres nadie le importaba si después de todos esos años de estudio conseguiría trabajar, ni si estaba capacitada para otras cosas en las que pudiese sobresalir, ni siquiera se planteaban si me hacía feliz.
Sólo importaba que valía. Y que podría tener algún día un título para enmarcar.
Después de años de labor la carrera me decepcionó muchísimo; no cubrió mis expectativas en absoluto.Tanto en forma como en contenido, mucho menos cuando comenzaron los cambios con las clases televisadas y los maestros integrales.Vi desbaratarse los programas de estudio, aligerar programas, olvidarse de las especialidades que se estudiaron en la universidad pedagógica y a centrarlo todo en los profesores integrales. Ahí comencé a retroceder, no me imaginaba impartiendo otra materia que no fuera Español y Literatura, no creía que nada pudiera sustituir la presencia directa del profesor en el aula, no como un controlador de disciplina sino como el máximo rector del proceso docente educativo en su clase.
Tanta fue mi angustia que a pesar de mi creatividad decidí retirarme de educación e incursionar en otras vertientes que desde joven me habían entusiamadado como el periodismo.
Al final comprendí que no estaba tan equivocada, que no fue un desatino lo que hice. Demoró años pero al fin se dieron cuenta de los errores, todo vuelve a la normalidad: los futuros maestros en las las escuelas formadoras, los especialistas en los pedagógicos.
No soy de mirar atrás, ni de lamentarme por decisiones tomadas (no me puedo quejar de mi vida profesional que ha transcurrido por otros derroteros), pero lo cierto es que  de mucho valen los profesionales  bien preparados , pero mucho daño hacen  los  ineptos, derrochando sus “sinsaberes” por doquier.

He dicho.

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3 thoughts on “Las motivaciones

    • cierto amiga, lo importante es sentirse feliz con lo que uno hace pues son muchas horas en el trabajo, así q si uno está a disgusto se hace muy difícil. Un abrazo.

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