Solo

 

Wilfredo siempre se sintió diferente a los restantes niños de su aula; nunca le gustó jugar con sus compañeros a la hora del receso, ni hacer travesuras, prefería la tranquilidad junto a las niñas y ese vuelo coqueto de la imaginación.

Hijo único, de padres divorciados pero con una familia atenta a su crecimiento y desarrollo fue objeto de críticas y amonestaciones por sus tendencias a preferir los perfumes, la ropa ceñida al cuerpo, y entre tíos muy machos aprendió a enmascarar sus sentimientos y aceptar ir a las peleas de perros, decir piropos a las chicas que pasaban por su lado y acceder  a los requiebros de una joven deseosa de tener sexo con un menor.

Confiesa que esa experiencia fue fatal, no disfrutó ver aquel cuerpo desnudo que se ofrecía sin el menor reparo; el primer beso le supo tan húmedo que deseó limpiarse los labios y al no lograr ni la más mínima erección salió despavorido deseando se lo tragara la tierra y no pasar de nuevo por una situación así.

De eso no contó nada a nadie, ese fue su primer secreto. Lo cierto es que logró pasar desapercibido a partir de ese día. Ser el mejor bailador de casino lo acercó a sus compañeros  en el pre y comenzó a disfrutar la participación en las actividades culturales, reír, dar criterios, pero cada fin de semana buscaba una excusa diferente para no ir a su casa.

Un día descubrió una erección mirando la espalda de Josué; intentó reprimir aquel deseo que a partir de ese momento se volvió incontrolable.

Ya tenía 16 años y aunque se esforzaba para mostrar su masculinidad ante la familia se sentía poco realizado. Una noche en la soledad de su cuarto se desnudó, frotó su pene hasta la saciedad y solo de sus labios salieron dos palabras: Josué Josuéeeee. Esa misma noche tomó un vestido del closet de su madre y dejó que resbalara por aquel cuerpo que acogió con placer la  suavidad de la tela; otro impulso lo llevó a dar color a sus labios y sin pensarlo puso música a todo volumen y salió al balcón de su cuarto y comenzó a bailar con un desenfreno total.

Aquella música y la escena atrajeron la atención de vecinos y transeúntes; unos reían, otros cuchicheaban, otros seguían de largo hasta que su madre reparó en el suceso.

Todavía Wilfredo se estremece cuando rememora lo sucedido después. En una cama del hospital con aún restos del maquillaje y el vestido teñido de sangre lloraba su dolor y su vergüenza. Rodeado de médicos y enfermeras estaba totalmente solo.

2 respuestas a “Solo

    • Cierto amiga, los seres humanos a veces complicamos las cosas, nos endurecemos demasiado y perdemos de vista los sentimientos, el amor, la sensibilidad. Feliz feliz fin de semana amiga querida.

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