Hacienda de Cortina, un gozo para el espíritu

Esa entrada a La Guira es toda una joya arquitectónicaMi padre acostumbraba todos los años  ir a un hotel en San Diego de los Baños para tratarse sus dolores en las aguas sulfurosas de ese lugar. Esos eran los días  precisos para dar el paseo hasta allá con mi mamá, pero secretamente mi principal finalidad era que me llevaran hasta la cercana Hacienda de Cortina, un sitio para mí mágico.

No sé cuantas veces recorrí ese lugar en mi infancia, miraba admirada cada escultura, los lagos con plantas exóticas, la casona majestuosa, la finca rodeada por una alta cerca de piedras, los parques, así como  los árboles y jardines.

Eran un gozo para mi espíritu estas visitas;mientras mis padres conversaban yo dejaba volar mi imaginación y me creía una princesa dentro del castillito, o que era salvada por un león cuando una serpiente intentaba hacerme daño, todo gracias a una escultura en la que estos dos animales hacían gala de fortaleza.

De joven regresé a esos parajes y mientras disfrutaba de un campismo en la zona tuve la posibilidad de recorrer cada palmo de esa creación de José Manuel Cortina García, y supe que era un notable abogado, político, diplomático y excelente orador de origen cubano, poseedor de un enorme latifundio en el año 1920, que abarcaba propiedades desde la Sierra del Rosario  hasta la Sierra de los Órganos, un enamorado de las montañas pinareñas y  construyó en ellas el Parque La Guira  y acondicionó la Cueva de los Portales.

Lo cierto es que hace poco tiempo estuve de nuevo por San Diego y fui a reencontrarme con mis recuerdos y solo me topé con un deterioro inaceptable para mí. Constaté que desparecieron en manos inexcrupulosas gran parte de las piezas escultóricas, se destruyeron las casas, los parques y hasta los árboles perdieron el verde que los caracterizaba.

Ya casi con deseos de llorar un pintor de la zona me dijo que el proyecto de desarrollo local Fidias, liderado por Pedro Luaces se estaba encargando de todo el remozamiento del lugar, e inevitablemente me extrapolé a los años de mi infancia, en los que aquellos parajes, el buen gusto y el confort formaban un todo.

Ojalá que algún día pueda regresar y encuentre aquel esplendor de antaño, ojalá que la gente cuide las cosas bellas que se ponen al servicio del pueblo.La construcción de este parque conocido como Parque La Güira, fue precisamente la obra de mayor trascendencia.El parque fue ambientado con esculturas de mármol de Carrara, bronce y otros materiales, adquiridos, en su mayoría, en el extranjero. Se construyó un lago artificial acondicionado para navegar en pequeñas embarcaciones, con atracaderos y puentes. Además, piscinas, pequeños parques con casetas, bancos, y jaulas para animales, así como otras edificaciones, semejaban en sus formas, construcciones medievales, al igual que la portada de la hacienda. Las casas o museos ambientados con objetos de esas culturas, constituían un centro de atracción para todas las personas que visitaban el lugar. Cortina edificó, en medio de un pintoresco y atractivo pasisaje, elementos arquitectónicos, escultóricos y culturales que le dieron un sello distintivo y único en comparación con propiedades similares en Cuba. Dentro de las propiedades confiscadas estuvo el gran latifundio de Cortina. El hermoso parque construido por el terrateniente para el disfrute de sus selectas amistades pasó a manos del Estado y desde entonces el pueblo pudo visitarlo asiduamente. Detalles escultóricosLa GuiraPaisajes de la GuiraLa GuiraFotos, tomadas del Blog Vueltabajo (http://vueltabajo.cuvaba.cu)

José_Manuel_Cortina

José Manuel Cortina García. Notable abogado, político, diplomático y excelente orador de origen cubano.Nació el 3 de febrero de 1880 en el “Ingenio Moreno”, en las cercanías de San Diego de Núñez, provincia de Pinar del Río. Su madre, la Sra. María Luisa García Gutiérrez era natural de Matanzas, y su padre, Dionisio Constantino Cortina y Arteaga, de Vizcaya, España.

Desde muy joven se instaló en Cárdenas, dedicándose primero a la importación de maquinarias de producir azúcar, y más tarde a la producción como tal, llegando a ser un prominente técnico de esa rama, con una gran capacidad de trabajo. Administraba, al mismo tiempo, los tres mejores ingenios del Conde de Moré, figura prestigiosa y de gran poder adquisitivo del período colonial.

Realizó los primeros estudios con una institutriz francesa, en su propia casa, cursando posteriormente la primera y segunda enseñanza hasta graduarse de bachiller en el Colegio de Belén (de los Jesuitas), en La Habana.

Se distinguió por las habilidades de aprendizaje y su inclinación hacia las asignaturas de Agricultura, Clásicos latinos, Retórica, entre otras. Los estudios universitarios los cursó en la Universidad de La Habana, en la especialidad de Derecho Civil y Público. Siendo estudiante se dio a conocer en la vida política, fue miembro del primer directorio que se organizó a la caída de la dominación española, y uno de los fundadores del Partido Nacional, que después se convirtió en Liberal.

Desde esta etapa dio muestras de sus extraordinarias facultades de oratoria, pronunciando un discurso con motivo de la proclamación de la República ante el Generalísimo Máximo Gómez, quien exclamó:

“No se puede perder la fe en un país que produce jóvenes de tanta inteligencia y de dones tan excepcionales” – Me ha conmovido… Me he tenido que contener… Vaya con el muchacho”. [1]

Su calidad como orador, con un estilo muy personal, fue enjuiciada a través de los años por destacados críticos, entre ellos Rafael Montoro, una de las figuras insignes de la oratoria cubana, quien expresó:

”El estilo y la sintaxis de muchos discursos de Cortina no tienen precedentes en la literatura castellana”. [2]

Personalidad

Los criterios sobre su personalidad son diversos, sobre todo en los alrededores de Parque La Güira. Ciertamente los recuerdos de una parte importante de quienes lo conocieron son favorables, porque en el contexto de la profunda miseria que había en Pinar del Río, proporcionó empleos y facilitó tierras para producir tabaco a un grupo de familias, pero también muchos campesinos expresaron las formas de explotación a que fueron sometidos, que generaron conflictos.

En ocasiones se señala que algunos administradores de la hacienda eran los que maltrataban. De todas maneras, esos ejecutivos respondían a las decisiones que les imponía Cortina y estaban contempladas dentro de las funciones que les correspondían.

Luis Alvarez, uno de los monteros que más tiempo trabajó con Cortina, resume la verdadera imagen de este político y gran propietario:

”Cortina me recibió y me dijo… – Mire, tengo la necesidad de retirarlo de la finca, porque ya usted es uno de los monteros más viejos que quedan… Figúrese. Tenía a mi padre muriéndose en La Habana y una hija loca en la casa, que había que amarrarla. Ya se podrá imaginar lo que sentí.
Estábamos junto a un ascensor. Cortina me despedía. Pero me despedía a patadas. Miré el hueco del elevador. Me dieron ganas de meterle al viejo y tirarlo por el hueco. Pensé hacerlo. Pero estaba perdido si lo hacía. No iba a resolver nada, era un segundo piso y la casa estaba rodeada de rejas de hierro. Tuve que regresar destruido.[3]

Trayectoria política

José Manuel Cortina tenía sus propios criterios con respecto a la oratoria. Estimaba que el orador que habla de aquello que no sabe, o sabe mal, falta el respeto al público y a sí mismo. Es por ello que para unos es el príncipe de la palabra y para todos, el orador de la República.

Fue electo representante de la Cámara en 1902 y 1904, pero no pudo ejercer por no contar con la edad constitucional. Posteriormente, en 1914 y 1916, nombrado y reelecto representante, y en los comicios de 1924, Senador de la República, cargo que ostentó durante 8 años. En el senado, fue elegido presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Presidente del Comité Parlamentario y Líder de la Mayoría.

Ocupó la secretaría de la Presidencia durante el gobierno de Alfredo Zayas. Fue el autor de la “Ley de accidente del trabajo”, creó el sanatorio para tuberculosos denominado “La Esperanza”, así como la Comisión Nacional de Propaganda y Defensa del Tabaco Habano, en diciembre de 1925, etapa en que la industria exportadora de la preciada hoja entró en su tercera y más decisiva crisis (19251933).

Esta comisión emprendería estudios de mercado y promovería el Habano en otros países del mundo, mediante exposiciones y tratados comerciales, catálogos de información y otras acciones. Cortina veía el futuro de la industria tabacalera con bastante optimismo:

“El tabaco cubano ha sido favorecido por los cambios sociales que se vienen produciendo en la humanidad. El tabaco es (…), la segunda riqueza de Cuba, pero acaso debiera ser la primera, si en vez de ser Cuba un inmenso cañaveral, fuese una inmensa vega tabacalera, puede que nos fuese económicamente mucho mejor a los cubanos”.[4]

El azúcar se producía en todo el mundo, pero el tabaco cubano era el único. Esto da la medida de la fuerza con que Cortina defendía el tabaco Habano en las distintas conferencias, tanto nacionales como internacionales.

Fue Ministro de Estado durante el gobierno de Miguel Mariano Gómez, y en el primer gobierno por elección del general Fulgencio Batista (19401944). También presidente de la delegación de Cuba a la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz, en Buenos Aires, convocada por el presidente Franklin D. Roosevelt. En esta conferencia el Doctor Cortina junto a la delegación de México, obtuvo la aceptación de los Estados Unidos para firmar el protocolo de no intervención, que no habían querido aprobar en la Conferencia Internacional de Montevideo, de 1933.

Cortina se destacó en la convención constituyente que redactó la Constitución de 1940. Como delegado por La Habana, mantuvo los debates en derredor de los principios contenidos en la Carta Magna. La Asamblea adoptó por unanimidad una serie de reformas propuestas por él, específicamente las que se relacionan con el régimen parlamentario, la responsabilidad de los magistrados, la anulación de la llamada “Ley de fuga”, el Tribunal de cuentas y otros muchos problemas que eran puntos contradictorios y críticos de la sociedad cubana. A esta convención progresista, concurrieron todos los partidos políticos, incluyendo el Comunista, quien defendió a toda costa los derechos del pueblo.

Al triunfo de la Revolución

Proceso de Nacionalización

Proceso de Nacionalización

Una vez que triunfa la Revolución en 1959, el poder revolucionario quebró las bases del estado burgués, tomando una serie de medidas entre las cuales se encontraba la confiscación de los bienes malversados de aquellos que se enriquecieron a costa del tesoro público y por sucios negocios con el respaldo de la derrocada tiranía.

La primera Ley de Reforma Agraria, firmada el 17 de mayo, vino a dar la respuesta más importante en el país en este proceso, pues liquidó la gran propiedad latifundista criolla y extranjera, entregó gratuitamente la tierra a los campesinos que la cultivaban en calidad de arrendatarios aparceros y precaristas, aunque dejó un amplio margen a la propiedad privada permitiendo feudos de 30 caballerías.

Dentro de las propiedades confiscadas estuvo el gran latifundio de Cortina. El hermoso parque construido por el terrateniente para el disfrute de sus selectas amistades pasó a manos del Estado y desde entonces el pueblo pudo visitarlo asiduamente.

Ante la justicia revolucionaria y la puesta en práctica del programa del Moncada, el hacendado Cortina se vio obligado a reconocer ante un tribunal la doble explotación a que sometía a los campesinos, con pagos por debajo del valor real de las cosechas, que permitiían al axplotador ganar mucho más cuando situaba el tabaco en el mercado, cobrando entoces por los precios oficiales establecidos.

Muerte

Al triunfo de la Revolución cubana emigró a Estados Unidos y falleció el 9 de marzo de 1970 en Miami. Florida.

Trabajos publicados

La producción cultural de Cortina fue notable, publicó más de 30 obras de tipo social, económico y político, muchos de ellos traducidos a varios idiomas. Se pueden citar especialmente “Caracteres de Cuba”, “Por la nación cubana” y “Un nuevo mundo después de la guerra”. Su “Apología de Martí”, es considerada como una obra de estudio para conocer el carácter del Héroe Nacional de Cuba. La obra titulada “Los ideales de Cuba”, fue publicada en inglés, francés y español en 1925, cuando se encontraba como diplomático al frente de la Comisión de Relaciones Exteriores de Cuba en Francia.

Por su labor política ocupó el cargo de presidente de la Sociedad Cubana de Estudios Constitucionales y miembro del Consejo Nacional de Educación y Cultura, titulado de la Academia Diplomática Internacional de París, miembro permanente de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos, presidente del Consejo Supremo de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU) y miembro de la Real Academia de San Fernando, de España.

Cuando aún era estudiante de Periodismo tuvo un periódico propio, denominado Democracia, en el que publicó uno de sus más notables artículos, sobre la necesidad apremiante de establecer escuelas de agricultores en toda Cuba, porque según sus juicios, era vergonzoso que un país esencialmente agrícola no contara con escuelas para que la juventud pudiera adquirir conocimientos agronómicos y agrológicos. La visión de estadista la manifiesta cuando declara literalmente en dicho artículo:

”Nunca estará Cuba más cerca de su verdadero engrandecimiento material y de su consolidación definitiva como nación independiente como el día en que la mayoría de nuestra juventud, comprendiendo que su porvenir está en el campo, se decida llevara a él su espíritu emprendedor y activo.[5]

En la intensa vida política, profesional e intelectual se destaca también su colaboración con el periódico “La Lucha”, donde publicó varios artículos, al igual que en el “Diario de la Marina”, del que fue miembro del Consejo Consultor. El periódico “El Mundo” lo tuvo como uno de sus fundadores.

Propiedades adquiridas

El latifundio en Pinar del Río estuvo muy arraigado desde el periodo colonial y a pesar de la batalla librada para aumentar la producción tabacalera desde las primeras décadas del siglo XIX, la gran propiedad territorial, permaneció siempre en manos de grandes hacendados, que concedían la explotación de las tierras mediante contratos que podían perdurar en el tiempo, mientras que los vegueros o arrendatarios cumplieran con las obligaciones establecidas.

Portada de la Hacienda Cortina

Portada de la Hacienda Cortina

En carta a José Aixalá, del 20 de abril de 1939, Cortina revela una visión de sus propiedades en la más occidental de las provincias cubanas que incluía 150 vegas de tabaco, extensos potreros para la cría y ceba de caballos, ganado vacuno y cerdos, realizaba la siembra científica de hierba de guinea para establecer potreros adecuados en las lomas, producía café, naranja, mango y otras variedades de frutas. La miel de abeja fue un renglón que le posibilitó obtener ganancias.

Fomentó los pinares que se habían destruido con el tiempo por la tala de árboles y se realizaron siembras de encinos y otras variedades de madera, muchos de ellos en franco proceso de extinción en la región.

Desarrolló una política de protección de la fauna, limitando la caza, e incorporó en los extensos bosques, nuevas especies que se reproducían libremente.

Los propósitos de Cortina con tales proyectos los definía de la siguiente forma:

En general mi propósito fue demostrar que se podía sostener una finca de producciones parecidas a las de un ingenio sin cultivar una sola mata de caña, diversificando los productos y estando siempre preparado para nuevos experimentos de carácter agrícola.[6]

Las producciones fundamentales estaban en correspondencia con las actividades económicas tradicionales en Pinar del Río, es decir, tabaco y ganadería, que desde los primeros siglos de la colonización se practicaban en Vueltabajo.

Diversos criterios han sido emitidos en relación al momento en que Cortina adquirió las tierras que conforman el Parque La Güira, hay quienes señalan que la obtuvo mediante una donación, por la defensa hecha a un propietario en el año 1908, durante un pleito en la partición de propiedades, otros argumentan que la adquirió en los años 19161917 por los servicios que prestó a una señora. Sin embargo el propio Cortina, en carta escrita a José Aixalá, el 20 de abril de 1939 expresó:

”Hace 33 años, acabado yo de recibirme de abogado, hube de adquirir la finca en donde está el batey, y al ver las condiciones adecuadas de aquellas lomas para la agricultura en el curso del tiempo y poco a poco, he adquirido otras propiedades que agrupadas, forman hoy una finca de considerable extensión.[7]

En el mismo documento insistió en que hacía 33 años que poseía la finca, es decir desde 1906, posteriormente en 1911, compró la propiedad aledaña a La Güira, llamada La Palma o Potosí, de cuatro caballerías de tierra. El afán de poder lo llevó a adquirir dos haciendas importantes, “El Abra”, de Caiguanabo en 1916 y “Galalón”, en 1917, compradas a Agapito del Busto. En 1920 compró “Caiguanabo” a Pilar San Martín, en 1923 adquirió la finca “El Bosque” y posteriormente “Las Yeguas” a un moro. Estableció un litigio con Wilfredo Fernández y su hermano por la finca “Arroyo de Agua”, apoderándose finalmente de una parte de esta hacienda.

Para 1928 era dueño de vastas extensiones de terrenos: “El Desvío”, “El Bosque”, “San Pedro de las Yeguas”, “San Pedro del Álamo”, “Santa Catalina”, “Galalón” y “Caiguanabo”. En la década de 1940 el inmenso latifundio se había extendido hacia otras áreas aledañas, tanto al norte de La Güira, noreste, este, oeste, y noroeste abarcando territorios del municipio de Consolación del Sur, La Palma y Los Palacios.

En sus propiedades existían en 1939 un total de cinco escuelas, donde estudiaban más de 400 niños

El Parque La Güira

Vista del Parque La Güira

Vista del Parque La Güira

En la actualidad la tradición oral tiende a confundir La Güira con la Hacienda Cortina, pues a partir de la primera, se adquieren un conjunto de haciendas y propiedades que conformaron uno de los mayores latifundios existentes en Pinar del Río durante la república neocolonial. La Güira mantuvo su fisonomía y connotación, no tanto por el hecho de tener la primacía de las adquiridas por José Manuel Cortina, sino porque fue precisamente este lugar donde edificó, en medio de un pintoresco y atractivo pasisaje, elementos arquitectónicos, escultóricos y culturales que le dieron un sello distintivo y único en comparación con propiedades similares en Cuba.

La construcción de este parque conocido como Parque La Güira, fue precisamente la obra de mayor trascendencia. Su ejecución data de 1920. la majestuosa portada, hecha con piedras de los alrededores, fue diseñada para que encajara armónicamente con aquel sitio montañoso. El entorno del batey lucía espaciosos jardines con hileras de farolas de bronce que llegaban hasta la casa principal, también construidas con piedras y materiales de la zona en 1920.

Esfinge, escultura del Parque La Güira

Esfinge, escultura del Parque La Güira

En la fecha señalada edificó la casa china y años después la japonesa, que se convirtieron en exponentes de la cultura asiática, atesorando una importante colección de objetos, que hoy, parte de ellos, se protegen en los museos.

”En relación con el Museo Asiático, me pareció mejor que tenerlo en casa, hacerle un pequeño edificio, donde los objetos adquieran el relieve propio que tienen en las comarcas de donde proceden.[8]

El parque fue ambientado con esculturas de mármol de Carrara, bronce y otros materiales, adquiridos, en su mayoría, en el extranjero. Se construyó un lago artificial acondicionado para navegar en pequeñas embarcaciones, con atracaderos y puentes. Además, piscinas, pequeños parques con casetas, bancos, y jaulas para animales, así como otras edificaciones, semejaban en sus formas, construcciones medievales, al igual que la portada de la hacienda.

Las casas o museos ambientados con objetos de esas culturas, constituían un centro de atracción para todas las personas que visitaban el lugar.

La Cueva de Los Portales

Cortina se propuso además acondicionar la Cueva de Los Portales, adquirida en 1920 al comprarle a la familia Grau San Martín, los terrenos que habían heredado. Los trabajos se iniciaron en 1940 comenzando por Los Portales y después en la Cueva de Los Espejos.

Se fabricaron aceras, rampas, pasamanos, y un puente para cruzar el río. Para comunicar este lugar de un atractivo sin límite, mandó construir un terraplén desde La Güira, que no estuvo hasta 1943.

De esta forma La Cueva de Los Portales se convertiría en un centro visitado periódicamente por Cortina, sus familiares y amigos, estado vedado para las personas de los alrededores el disfrute del paisaje, incluso tampoco podían usar el terraplén para trasladarse de un sitio a otro. Por sus valores naturales e históricos constituye monumento nacional, declarado por el Estado cubano desde junio de 1987.

Referencias

  1. Archivo Nacional de Cuba: Donativos y Remisiones, Legajo 541.
  2. José Manuel Cortina García: Caracteres de Cuba, Editorial Lex, La Habana, 1945, pp. 11, 12 y 253.
  3. Raúl González de Cascorro: Gente de San Andrés, La Habana, 1967, p. 76.
  4. Jeans Stubbs: Tabaco en la periferia, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1989, p. 43.
  5. Archivo Nacional de Cuba: Donativos y Remisiones, Legajo 541.
  6. José Aixala Casellas: Luces de otoño, Ed. Masa y Compañía, La Habana, 1943, p.69.
  7. José Aixalá y Casellas: Luces de otoño: Ed. Masa y Compañía, La Habana, 1943, p. 69.
  8. José Aixalá Casellas: Luces de Otoño, Ed. Masa y Compañía, La Habana, 1943, p. 68.

Fuentes

  • Enrique Giniebra Giniebra y María de las Nieves Ramos Gómez: Hacienda Cortina, Ed. Loynaz, Pinar del Río, 2008.
  • Archivo Provincial de Pinar del Río: Buró Agrario, Legajos 1, 2 y 3.
  • Archivo Nacional de Cuba: Donativos y Remisiones.
  • José Manuel Cortina García: Caracteres de Cuba, Editorial Lex, La Habana, 1945.
  • Jeans Stubbs: Tabaco en la periferia, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1989.
  • José Aixala Casellas: Luces de otoño, Ed. Masa y Compañía, La Habana, 1943.
  • Rafael Azcuy González: La Cueva de Los Portales, Ed. Pablo de la Torriente, La Habana, 1996, p.15-18.
  • Raúl González de Cascorro: Gente de San Andrés, La Habana, 1967, p. 76
  • Fotos http://vueltabajo.cuvaba.cu) y Wikipedia

3 thoughts on “Hacienda de Cortina, un gozo para el espíritu

  1. LA GUIRA ES UNO DE MIS LUGARES PREFERIDOS , AHI PASE MUCHOS FINES DE SEMANA DE MI NINEZ, MUY CERK DE MI CASA Y ERA TODO UN PARAISO, LAS ESCULTURAS , LOS ANIMALES, LOS JARDINES , EL LAGO , EL RESTAURANT , LA PORTADA EN FIN TODO , LOS RECUERDOS SON BELLOS, Y MUY AGRADABLES , QUIEN RECUERDE ESE PARQUE COMO ESTUVO HACE 40 ANOS ,Y VEA LO ES AHORA , QUE TRISTEZA, Y SIEMPRE SERA UNO DE MIS LUGARES FAVORITOS.

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