POEMAS CONFIDENCIALES / Antonio Guerrero Rodríguez

  • poemas
  • Los poemas de Antonio Guerrero son bellas joyas literarias. Acá les dejo su libro Poemas confidenciales para que lo lean, lo consulten, lo usen a matutinos, actividades culturales… y hasta como libro de cabecera.

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Hay una vía natural, directa, entre el sentimiento del amor y su expresión poética que es la más apropiada para manifestarlo, para proclamarlo a plena voz ante el mundo, como el maravilloso suceso que es en el ser humano. Suceso único y singular, aunque sea semejante en todos los casos.

En este sugestivo poemario de Antonio Guerrero Rodríguez alienta algo de más capital trascendencia. También está vibrando en cada poema, en cada verso, el anhelo de liberación, mediante el amor a la poesía, de quien sufre una injusta prisión en circunstancias anómalas y con evidente y sañuda arbitrariedad judicial. La misma que padecen también sus compañeros, los otros cuatro héroes cubanos, en otras tantas cárceles norteamericanas, cuya justa liberación es reclamada en todo el mundo.

En sus Poemas confidenciales, que Antonio Guerrero Rodríguez consagra a Pablo Neruda en su centenario —sin que tengan sus versos rasgos nerudianos—, todos los poemas, numerados hasta el XXXII, mantienen la uniformidad de catorce versos. Hay, pues, una expresa intención de aproximarse al soneto, pero cultivado con máxima flexibilidad, no exenta de asonancias.

Pero no falta el soneto en sus escasas variantes. El endecasílabo se le entrega en toda su grata y gallarda resonancia, sin que esta resulte monótona ni falten justificadas quiebras.

El cálido fervor lírico, la angustia teñida de ternura que todo amor inspira, el ansia de encontrar en la amada el consuelo y la esperanza que el alma necesita, se repite en su generosa y seductora variedad, para formar un canto único hecho de muchos y diversos capítulos.

En Antonio Guerrero Rodríguez, como en sus otros cuatro compañeros, lo heroico, como máximo distintivo humano, está en la base de su ser. No hay dudas de que los Cinco, formados en el culto del patriotismo y de la dignidad humana, frutos del esfuerzo de la Revolución, han mantenido y enriquecido esa condición heroica, y se han erigido en ejemplos inspiradores para todo el mundo.

El compañero Tony se ha revelado no sólo como poeta, sino también como artista plástico —otra forma de hacer poesía, otra forma de liberación. Cese la ignominia de mantener en aislamiento indebido a quienes merecen y tienen el cariño y respeto de sus compatriotas y de millones de seres en el universo.

Que estos cálidos versos de amor de Antonio Guerrero Rodríguez sean un motivo más para comprender que es una injusticia su encarcelamiento, y que ya es hora de que se devuelvan a su patria, a la libertad, a los cinco héroes cuyo cruel apresamiento en los Estados Unidos es un baldón imperdonable para la administración de justicia de ese país.

En tanto, que el amor continúe floreciendo en el corazón y en el verso de Antonio Guerrero como el más puro y esplendoroso emblema de su calidad humana y de su irrevocable vocación de libertad.

ÁNGEL AUGIER

NOTA DEL AUTOR

Cuando en una ocasión le preguntaron a Pablo Neruda quién fue la mujer de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, ante tan compleja interrogante respondió como era de esperar de un hombre de tan fina inteligencia:

«Las dos o tres que se entrelazan en esta melancólica y ardiente poesía corresponden digamos a Marisol y a Marisombra.»

Mucho y nada tienen que ver mis Poemas confidenciales con la poesía de este poeta, considerado una de las personalidades más importantes del ámbito literario de nuestra lengua hispana. No existe la más mínima intención de copiar de sus versos y menos aún de acercarme a su altura.

Mas he querido sean estos poemas un sencillo homenaje a este hombre que vivió «una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta», en el centenario de su natalicio.

He imaginado muchas veces al joven Neruda en su cuarto de la pensión de estudiantes de la calle Maruri 513, escribiendo sus poemas, mientras en una celda oscura y fría yo escribía los míos, convirtiéndolo a él en mi primer confidente.

La Marisol y la Marisombra de mis poemas pertenecen a épocas distintas y a lugares bien distantes de Temuco y de Santiago de Chile. Las de mis poemas pasaron por mi vida en condiciones poco comparables a las que vivió Pablo durante su juventud de pasión, de pobreza y de poesía. Sin embargo, hay algo muy significativo que tenemos en común: la mezcla en estos poemas de la naturaleza arrolladora de la Patria amada: mujer y madre mayor siempre presentes en mi poesía.

He escrito estas palabras y estos versos a nombre de cinco hombres que estamos inquebrantablemente unidos por idénticos principios, forjados en la obra hermosa, digna y heroica de nuestro pueblo: NUESTRA REVOLUCIÓN SOCIALISTA.

A nuestra Patria a diario dedicamos estos versos del «Poema 18» del eterno Pablo Neruda:

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.

Te estoy amando aun entre estas frías cosas.

 Dedicatoria

A mi amiga Aitana Alberti por su invitación al IX Festival Internacional de Poesía de La Habana 2004, dedicado esta vez al centenario del gran poeta chileno Pablo Neruda. Al Comité Organizador de este evento les envié mis Poemas confidenciales, y sin yo imaginármelo ha sido posible este libro.

A David y Jesús por su incondicional apoyo y aliento. A Josefina y Basilia por sus consejos y el tiempo que le dedicaron a mis versos.

A todos los que de una forma u otra, pero con el mismo amor, están aquí incluidos.

I

Debes saberlo: soy un enamorado

metido en semejante circunstancia

que amaneciendo lejos no se olvida

de las casas lluviosas de su infancia.

Debes saberlo: no estoy asombrado

de que en esta obligada y cruel distancia

mi vida siga alegre y dolorida:

sufrir y amar es una redundancia.

La herencia de mis sueños cuál sería

si diera nuestro azul por terminado,

si en mi ausencia se borran tus colinas.

Y te confieso sin pudor ni hipocresía

que tú eres lo que más he recordado

de aquel pasado de sangre ultramarina.

II

Amor, en este tiempo silencioso,

de mañanas vacías y crepúsculo austero,

estarás al alcance de mis ojos

con tu piel que se adentra en mi esperanza.

¿Quién hubiera creído tal barbarie,

despojados del sol, del mar, de todo?

Pero, ¿qué sueños podrán ser los míos,

sino los del aliento de tu savia?

Yo imagino siempre que eres canto

y subes con tus sílabas de alba

hasta la soledad de mi silencio,

entonces me convierto en simple verso

para obligar a todos los siniestros

a desistir si intentan separarnos.

III

Un día a uno lo encierran de repente,

con noches que sólo sirven al silencio.

Te hacen sentir dolido, traicionado,

extraño, fatigado, ausente.

Te llevan a un lugar sombrío y frío

donde todo es ajeno, inalienablemente,

salones habitados por el odio

en los que el aire es indiferente.

Pero sabes que un día volverán los besos,

la luz se cubrirá de dulce efluvio,

las puertas las cerrarán cadenas

y el calor propagará sobre tu ser su boca

brindándote la eterna primavera.

Contra el amor del bueno no hay quien pueda.

IV

He conservado intacto tu paisaje

en este paso por rasgados rocíos

y a pesar de propuestas de desvíos

no he cambiado mi ruta y mi carruaje.

No he olvidado tus grietas y tus cumbres

ni he apartado tu dignidad ilesa.

Claro que volveré, uno siempre regresa

si el profesado amor no es tan sólo costumbre.

Y mientras aguardemos el reencuentro indudable,

sin renunciar a nada de lo que hemos vivido,

sin ceder ni siquiera un segundo al olvido,

estaré con firmeza y pasión entrañable

sustentando el valor y el honor que nos funda,

abrazando tu sueño en mi prisión fecunda.

V

No tuve dudas de que extrañaría

uno a uno los besos, la mirada

penúltima, la estrella más amada

y otras señas que dan melancolía.

Ahora busco entre la red del día

qué decidir en esta encrucijada,

cómo hacer para, con casi nada,

tomar ventaja de esta orografía.

Inicio un expediente de optimismo

y anoto uno por uno mis instintos,

castigos, recompensas, penas, líos.

Rumbo a la cumbre, apartando el abismo,

tendré que atravesar vientos distintos,

mientras, avanzo con los poemas míos.

VI

Saber amar es escuchar al alma

latir sobre la piel enmudecida,

es no tener comienzo ni medida

para ofrendar amor en plena calma.

Saber amar es colocar la palma

de tu mano sobre la abierta herida,

es apartar del curso de la vida

lo que a la vida sin razón desalma.

Amar es fuerza pasional que arranca

al rayo de sol que se precipita,

con total suavidad, su rosa blanca.

Amar es la virtud noble que invita

a sentir tuya toda justa liza.

¡De cuánto amor saber amar precisa!

VII

Amor, no importa nombre, ni apellido

con los que registrar tu procedencia.

Voy a tu lado, amor, con complacencia,

como un sentimental empedernido.

Amor, me das el aire y el sentido,

me das el pan, la dicha, la inocencia,

la claridad del sol, la transparencia

con que aclarar el ego oscurecido.

Vienes volando, cuando te procuro,

para mirar la clave azul del mundo

como dos aves libres desde un muro.

Somos, amor, en una sola vida,

frente a la atrocidad ensordecida

el grito de esperanza más profundo.

VIII

Desde la soledad de mi ventana,

desde esta lenta vida carcelaria

en cada amanecer yo te contemplo,

eterno amor de rebeldía sana.

En cada atardecer eres tan alto

como el azul de los techos del cielo.

En cada anochecer como una estrella

te extiendes más allá del firmamento.

Entre cuatro paredes, tercamente,

pretenden enturbiarme la mirada,

restar razón a lo que pienso y digo.

No entienden que el amor vuela sin alas,

rompe los muros, atraviesa el alba

y es la luz que nos baña los sentidos.

IX

Amo la soledad y también no la amo.

Cuando busco remendar mi armonía,

cuando embebo mi mente en una poesía

y me transformo en luna, yo la amo.

Pero cuando pienso en lo que te amo

y quisiera temblar junto a tu día,

cuando te creo surcando el mediodía

como una nueva flor, entonces no la amo.

Cuando desnudo el cuerpo del abismo

y una llovizna me nace en el silencio,

yo la amo, como a ti, sin egoísmo.

Pero cuando un deseo me agencio

como amarilla sombra desmedida,

no la amo, pues sin ti qué es la vida.

X

Yo anduve por allí, donde se posa

esa ave que callada me espera.

Su imagen de pacífica quimera

la enarboló mi amor por cada cosa.

Ella nació antes de que la rosa

comenzara a tener su primavera,

aun antes de que la manzana primera

diera voz al deseo, silenciosa.

No sé en dónde, ni desde cuándo existo,

ni si podré narrar cuanto ya he visto

rumbo a la eternidad, pues nadie sabe

recordar el color de cada cielo,

pero no ignoro que alta, blanca y suave,

esa ave me ha seguido con su vuelo.

XI

Estar sencillamente sin un buenos días,

porque son sólo sombras cuando pasan,

como si la palabra fuese prerrogativa

que no puede tener un hombre preso.

Estar sin culpa condenado al encierro

y al ruido de las llaves y las puertas,

entre horas grises, amarillas y blancas

persiguiéndose como febriles trenes.

Pero llega la noche trayendo fantasías

y mi alma canta al compás de la luna

para cuando despiertes tengas versos

que levanten tus ojos hasta el cielo,

para no estar atados por absurdas cadenas

y una por una caigan las nostalgias a un hueco.

XII

Porque tú siempre estás en las regiones puras,

porque existes donde te quiero y pienso,

entra la luz como una flor abierta

a mis manos de paz y a mis ojos de luna.

Porque tú eres paloma y transparencia,

porque te llevo dentro y por ti miro,

la razón y el amor en mi periplo

elévanse a la par como dos remos.

Hoy la vileza impone un sol sombrío,

aleja tu expresión cargada de dulzura,

usurpa todo lo que tu amor me dice

pero nada podría impedir que te cante

y que hasta el día en que mi corazón calle

todo lo que yo habite tenga tu primavera.

XIII

Imagíname en medio de tu pecho,

en la sangre que impulsa tu latido,

compartiendo el pesar de tu quejido,

aliviando el dolor de tu despecho.

Piénsame como una mano al acecho

de tu tropiezo en el menor descuido,

el sueño que tu alma ha perseguido,

el motivo de lo que harás y has hecho.

Me puedes ver con tus ojos cerrados.

Soy lo más delicado y más divino

que puedes concebir en todos lados:

bien soy las flores dulces de un camino

o los ojos alegres de una estrella.

Soy eso que al besarte te hace bella.

XIV

Ebrio de soledad. Noche sombría.

El alma tuya siento que desliza

su mano suave, me abre la camisa

y saca de mi pecho el alma mía.

Me levanta del tedio a la alegría,

deja caer desde el cenit la risa

y establece en mi arbitraria prisa

el reposo de tu sangre en la mía.

Alma, rayo de luz, grito del viento,

agudo transitar del alto cielo

bajo el que cada palpitar presiento.

¡Oh vacío nocturno: Fuego, hielo,

herida sin extremo, desconcierto…!,

pero tu mano pasas sobre mí. Cierto.

XV

Cae la lluvia y la noche augura

un silencio profundo y desolado.

Miro la lluvia, mi pecho está callado,

apenas la ventana me murmura.

En su pasillo la prisión oscura

acumula un silencio congelado,

sólo alteran su cuerpo inanimado

gritos confusos de ansiedad impura.

¿Qué será de la dulce melodía,

de la amorosa queja, del suspiro…?

Medito y toda mi aura se conmueve.

Solitaria camina el alma mía

en dirección a ti, callado admiro

cómo en el centro de tu ser se embebe.

XVI

Pienso en ti, nada lo justifica,

a no ser un caprichoso acaso

que troca mi mirada al ocaso

en anhelo de amor que purifica.

Mi hermosa fantasía ramifica

la senda. Mi sentido es escaso,

mas no me pierdo, hallo a mi paso

una ilusión que todo significa.

Cruzo la noche oscura, cual la luna,

penetro en el umbral de tu aposento

y me acerco a tus cosas una a una

hasta sentir rozar tu dulce aliento.

Yo sé que todo este pensar aúna

abruptos sueños y no me arrepiento.

XVII

Aquello fue seguro, peligroso,

áspero, tierno, tímido, atrevido,

vivaz, mortal, liberal, escondido,

complaciente, indeciso, receloso,

alentador, romántico, furioso,

alegre, triste, poco, desmedido,

traicionero, leal, grato, aburrido,

perturbador, calmado, sigiloso,

fue bajar al infierno desde el cielo,

fue beber un veneno como un vino,

fue cambiar el provecho por desvelo

y se fue haciendo tarde sin anuncio,

sin luna, sin augurios, sin destino,

pero aquello fue amor y no renuncio.

XVIII

No sé qué han hecho de tus labios los años,

largo y desabrido el tiempo ha sido,

pero es posible en ti no haya podido

causar con su llovizna serios daños.

Tal vez yo nunca sepa los tamaños

de tus penas tangibles, del quejido

que desgarró tu vientre, del sonido

que enmudeció tu risa y tus engaños.

Mas este amor mantiene su camino

y como un ancho río se resiste

a creer que tu mar es su destino.

Quién sabe, cuando entono estos cantos,

te miro como tú nunca me viste:

la vida tiene pro y contra encantos.

XIX

Fue un largo beso que me dijo: te amo,

tan hondamente que dejó en mis labios

marcado un territorio de volcanes

que recorrí sin miedo tramo a tramo.

Mordí su boca y cada miligramo

de realidad y de puro idealismo.

En las noches de amor, breves y oscuras,

no le importó ni oír cómo me llamo.

Un beso suele valer de tal modo

que tú puedes ganar o perder todo

en ese acuerdo mutuo impronunciado.

Incierto y seductor es el destino

cuando el amor está siendo buscado:

un beso, solo, puede abrir el camino.

XX

Sin rumbo viajo, como una barca frágil,

errante entre los límites del deseo

y de la ausencia, buscando ayeres,

regiones del amor perdidas en las sombras.

Gracias a ti es que logro entender

que el amor es bahía con su puerto,

pero lo que no llego a comprender es

cuántas cosas puede ser un recuerdo.

De dónde sacar fuerzas para olvidos

que puedan acallar el rumor en mi pecho

que unas veces es nieve y otras fuego.

Mintiera si dijera que yo perdí tus huellas,

que no he vuelto a dormir bajo tus párpados

y que sin ti puedo controlar mis tinieblas.

XXI

Las noches en que estoy insomne y desconfiado,

como un árbol sin luna y sin estrellas,

viajo a tu pecho desde mis tinieblas

para encontrar quién eres y quién eras.

A veces amanezco, y aún mi alma

sigue enredando sombras de mi sueño.

Con tanta soledad, saberte lejos

hace temblar mi corazón por dentro.

Pero voy aprendiendo, a pulsaciones,

cómo desmenuzar el dolor y el deseo,

cómo helar el hastío, entre fríos objetos.

Cuento con tus recuerdos mejores y peores

y con la certidumbre más rotunda

que es vasto amor lo que tú y yo tenemos.

XXII

Pregunto, ¿dónde estás? Sin decir nombre

para no delatar mi estado pesimista

y algo desde lo lejos noto que susurra:

¡No olvidaremos nunca, no olvidaremos nunca!

Cuánto añoro la luz que llevas en tus ojos,

la fresca rosa que nace en tu sonrisa

y esa parte de ti que conocí las noches

que me incliné en tu fuego de delicias.

Desde aquí tu ciudad no se divisa,

no escucho sus silencios y canciones

y tú, quién sabe, duermes o caminas,

escribes, cantas, lloras o sonríes,

mientras yo continúo imaginando apenas

tus caminos de sol y tus líneas de luna.

XXIII

Amada, la esbeltez de este día

es como el brío de tu pelo suelto.

Todo se mezcla aquí con el revuelto

mar de tu deseable compañía.

Contemplando una nube de alegría

el brote del ayer creo resuelto.

Nada pudo impedir que hayas vuelto,

sin tú saber ni dónde yo existía.

Hoy me acompañan húmedos recuerdos,

momentos de locura entre dos cuerdos

llenos de ansias, dudas y osadía.

Yo no le pido al tiempo que me diga

qué hacer, ni al ayer que me siga,

pero quédate un poco, amada mía.

XXIV

Días extensos hay que sin remedio

me faltan los fulgores del otoño

y despejarme no puedo (ni quiero)

del pasado que flota en mi memoria.

A eso que breve fue: paloma y rosa,

luna sujeta por hondas pupilas,

soplo de mar azul de inmenso rostro,

perfecto beso, amor, echo de menos.

Y no es que yo reniegue del presente:

Tú conoces el ritmo de mi sangre

y la eficacia de mi pecho optimista,

pero olvidarme no quiero (ni puedo)

de cuando se apagaba el horizonte

y una hebra de sol tu cabello escondía.

XXV

Cuánto de sed sufrí hasta lograr tu beso,

tu boca seductora, agua fresca de un río.

Aquella sed compacta hizo temblar la noche

y el deseo llenó las copas con su vino.

Bebimos sin pensar en la luna sangrienta

ni en la estrella de fuego y con espinas,

para luego sentir que fuimos sólo instante;

no tuvimos, acaso, más remedio que amarnos.

Han seguido rodando los tranvías vacíos

sobre rieles de inviernos de gélidas ventiscas,

andan como el amor truncado que camina

callado y confundido con todo lo existente,

andan como yo ando, sediento sin refugio,

harto de soledad desde que te alejaste.

XXVI

No queda nada. La copa está vacía.

De tan llena no pude retenerte

y derramé por fuera de mi suerte

el vino de tu amena simetría.

No te bastó tener la garantía

de profesarte amor hasta la muerte.

El delirio secreto de perderte

colmó mi alma con su algarabía.

Ese agudo dolor es aún perverso

y escondido a la sombra de algún verso

mira tu cuerpo sobre el firmamento

anunciando, desnudo, tu partida.

Se quedó mi ilusión, como el momento

en que dejas de ser, interrumpida.

XXVII

Amores hay que un día te abandonan

y a media selva inhóspita te dejan,

herido vas, escuchando las sombras,

sujeto a sólo un rayo de tu esencia.

Entonces tocas tu corazón dolido

y encuentras que allí tienes una puerta,

una puerta que, a media selva oscura,

te da el acceso a una clara vereda.

Y de nuevo comienzas a olfatear la luna,

a percibir los tonos del rocío,

los instantes que van de flor a fruto.

Y se renuevan todos tus sentidos

para otra vez caer en brazos del amor,

único sitio donde hallar cariño.

XXVIII

Todo me dice que me estás extrañando:

mudas certezas que son más que palabras,

tranquilas nubes de dichas y nostalgias,

un viento verde entre las verdes ramas…

Tú y yo sabemos que no hay largas distancias

ni hacha de invierno que pueda separarnos,

aunque el silencio ponga entre nosotros

inevitables grietas de dudas y presagios.

Lo fuerte de esta unión no es un contrato,

sino un hecho objetivo y sin anuncio

que nos llevó a los dos a convocarnos.

Lo inmenso de esta unión es ese algo

que hace eterno el amor, imposible el olvido

e incuestionable el acto de necesitarnos.

XXIX

Ayer pasé la noche con tus besos,

sin rumbo, siendo y sin saber nada.

Tomando el dato astral de tu mirada

atravesé mi sueño, casi ileso.

Al volver la mañana de regreso

tu presencia sentí blanca y callada.

Tú significas en mi luz pasada

la mayor claridad de mis excesos.

Mi mejor tiempo es cuando te recuerdo

y vienes a mi sangre en cuerpo y alma.

Contigo de otras cosas ni me acuerdo.

Yo sé que tú eres el amor que aspira

a ser mis ojos y que a ratos suspira

con la ilusión de ser mi propia calma.

XXX

Tus ojos, tus manos, tu boca y tu piel

fueron los dones sagrados de mi lluvia,

la tempestad oculta de mi pecho,

el patrimonio de mi sana locura.

No culpo sólo a tus ojos de este llanto,

a tus manos de esta larga herida,

a tu piel de este voraz incendio,

a tu boca de esta miel sombría.

Te prometo si vuelvo y tú no vienes

no darle a esta añoranza más terreno,

te prometo si esperas y no vuelvo

conservar aún mejor lo que vivimos

y te prometo si volvemos a amarnos

demostrarte el sinfín de la ternura.

XXXI

No sé cuándo será, y estoy ufano,

pues sé que este será todo alegría,

descenderá del cielo nuestro día

y enjugaré tu rostro con mi mano.

Reiré como un niño, limpio y sano,

repartiré la miel de mi energía,

seré una llama que en su cercanía

podrá fundir un amor artesano.

Las lluvias y las sombras que han creado

las nubes de este tiempo desolado

se irán al pozo que hoy la luz encierra.

El sol pondrá una rosa en cada esquina,

blanca como tu alma y sin espinas,

cuando la libertad toque la tierra.

XXXII

Después de esta jornada, desafiante,

reviviré desvelos de mi vida

que tejieron el rumbo a la salida

por donde un día me hice caminante.

Apuntaré, sin prisa, al instante

en que termine de curar la herida.

La vida es siempre alguna despedida

y miramos atrás yendo adelante.

Te buscaré dentro de la espesura,

siguiendo el rastro azul de tu melena.

Te pediré, con toda mi ternura,

para olvidar las noches solitarias,

bailar el vals de la luna serena

al compás de caricias voluntarias.

Edición y corrección / Eliana Dávila

Dirección artística y diseño / Alfredo Montoto Sánchez

Ilustración de cubierta (La victoria)

y dibujos interiores / José Luis Fariñas

Composición computarizada / Marlén López Martínez

©Antonio Guerrero Rodríguez, 2004

©Sobre la presente edición:

Editorial Letras Cubanas, 2004

ISBN 959-10-0940-2

Instituto Cubano del Libro

Editorial Letras Cubanas

Palacio del Segundo Cabo

O’Reilly 4, esquina a Tacón

La Habana, Cuba

E-mail: elc@icl.cult.cu

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