Desde el quirófano

Operación de Parkinson
Operación de Parkinson

Migdalia padece de Parkinson, en esta crónica nos narra las formas de combatir esta enfermedad, la solidaridad, el conocimiento de los médicos puestos en función de mejorar las calidad de vida de los pacientes.

Había llegado en una silla de impedido físico al hospital Neurológico.
-desvístase, quítese la ropa interior y colóquese esta bata con la abertura hacia atrás.

Me miré en el espejo de la habitación y me vi aquella cosa rara. Había sido el primer paso, un marco de hierro fijado con tornillos en  mi cabeza, que me habían puesto en el CIREN. Ya estaba vencida una parte del procedimiento para la operación del Parkinson, sabe dios qué situaciones me esperaban, la imaginación de estos médicos superan la fantasía de Kafka en el relato de la penitenciaría.

Primero invadieron mis oídos, después abrieron los cuatro orificios, y colocaron el artefacto.

Oí la voz de Nelson, Sí era él. – ! A esta cosa le faltan los botones! ¡No me le hagan esto!–  menos mal que estaba allí, me acostaron  en una camilla de metal.

Ya rodaba con el camillero, me dejó en un pasillo aledaño al salón de operaciones, allí debía esperar hasta que estuviese listo todo. La camilla, mi  columna, la cabeza en el aire, la nuca no tenía apoyo y empezaba a dolerme, parecía que iba a partírseme el cuello, me quejé, el camillero afectuoso me preguntó qué me pasaba, me palpé el cuello: – me duele.

– ya falta poco-me dijo el muchachón de guardia, con  una pieza de tela doblada varias veces a manera de calzo, mejoró algo mi situación.

Las voces incoherentes se escuchaban, trataban diferentes temas, el de la diáspora no faltaba, siempre aflora cuando se habla de futuro. Los jóvenes quieren conocer el mundo.

-Junto a la conversación, el ruido de los instrumentos, debían de estar desinfestándolos, aunque por los hierros que vi en la ambulancia más parecen estos galenos mecánicos  y talabarteros con destornilladores que cirujanos  con escarpelo.

Y comenzó el segundo acto –

Entramos al quirófano. Qué tiempo habrá que hacen esta operación? ¿Estaré siendo un conejillo más, bueno ha habido muchos conejos antes que yo, no voy a tener la mala suerte de coger la peor parte.

Empecé a ver caras conocidas, allí estaba el anestesista Richard, que amortiguó el dolor cuando me colocaron el marco de hierro  y el troquel, dispuesto para pasarme sueros o transfusiones, Con el rostro cubierto de verde pude reconocer los ojos  de mi  neurólogo Mario Álvarez, al jefe de la cuchilla, a Nelson Quintana no alcancé a verlo, estaba detrás de mí, lo vería después, y descubrí en ese momento que  cuando hay que reírse, él se ríe… antes me parecía demasiado serio para su edad, ahora veía su verdadera dimensión.

Sentía las voces, no  pude recordar nada más,

Desperté en la sala de terapia junto a Baltasar,  Jorge Luis Herrera, un rey mago, el enfermero, quien  me cuidó toda la noche como si fuese el niño de Belén.

Los síntomas de la enfermedad serían otros…pues las manos rígidas  estaban libres, ahora el quirófano sería una pesadilla pasada, por un tiempo. Si esto sale bien, volvemos a la carga.

Ellos seguirán el juego con las neuronas y rompiendo núcleos, mientras para unos concluye  la vida, para otros  mejora su calidad, hay esperanzas gracias  a estos gigantes  de la ciencia.

Por Migdalia Deulofeo

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