Cuidemos la madre Tierra

isa en campoDe pequeña adoraba correr por la tierra arada, sentir la humedad traspasar mis pies. Predilección tenía por el verde de las plantas, el aroma de las flores, la magia del río intermitente que podía estar seco pero en cuanto llovía desbordaba su caudal.

Siempre fui una chica de campo, apegada al trino de las aves, a la quietud del paisaje, sin temor a los animales. No había rana, lagarto ni “chichiricú” que me limitara en mis exploraciones por el monte, por eso era fiel conocedora de todas las matas de guayaba y de pomarrosas que habitaban la orilla del río, sabía de los recodos donde se podía pescar las mejores truchas y cuáles eran las mejores pocetas para bañarse.

Conocía al dedillo cada árbol, tejía mis sueños en sus ramas y más de un libro leí bajo su sombra. Nada en aquellos parajes me era ajeno; tenía contabilizadas las palmas, los sinsontes, las palomas… y me sentía la dueña de esa porción de tierra en la que habitábamos todos con tranquilidad y sosiego.

Llegó después la etapa de salir a estudiar, de conocer otros aires, de regresar solo cada 15 días, y aunque conocí la existencia de otros sitios de encanto siempre el regreso a mi “guajiral” era fabuloso. Recorría todo ese campo que me vio nacer desentrañando todo lo nuevo, atrapando sus encantos y hasta sus tristezas. Fui testigo del destrozo que provocaron los ciclones, la tala indiscriminada en las márgenes del San Sebastián, de la cacería de aves, los árboles muertos por la caída de un trueno.

Después llegó la hora de partir a la ciudad buscando la cercanía laboral pero me encargué de recrear en mi nueva casa el ambiente campestre que tanto me cautiva. Cuando mi hija se quejaba de que sus uñas eran blandas le decía: hunde las manos en la tierra, siembra plantas ornamentales, frutales, no hay nada como la madre tierra para dar fortaleza, vitalidad y energías.

Lástima que mucha gente olvide que la madre Tierra necesita de hijos que la cuiden, la protejan.

Todo lo toma, todo lo carga
el lomo santo de la Tierra:
lo que camina, lo que duerme,
lo que retoza y lo que pena;
y lleva vivos y lleva muertos
el tambor indio de la Tierra.
Fragmento de poema La tierra/Gabriela Mistral.

isa en río

 

 

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4 thoughts on “Cuidemos la madre Tierra

  1. Asi mismo fue mi niñez. Aunque añoro aquellos días nunca me he apartado de la madre tierra. Hoy día después dé viejo me siento como un niño porque tengo diario contacto con mi tierra.Me alimento orgullosamente solo lo que cultivó con mis manos.

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