La criatura más bella

embarazo deseadoCuando me gradué en el año 89 pensé que comenzaba la etapa de disfrutar a plenitud mi vida; después de 5 años de limitaciones y escaseses en la universidad  iba a percibir un salario pero no contaba con la llegada del período especial en Cuba. Lo cierto es que sobrevino un terremoto del que no deseo acordarme pero también surgió algo inesperado que comenzó con unos vómitos y dolor de cabeza; a los pocos día supe la razón: estaba embarazada.

En ese primer momento quedé muy sorprendida, después saqué conclusiones preliminares y recordé la pastilla anticonceptiva que olvidé tomar una noche. Ahí estaba esa semilla germinando dentro de mí sin advertirlo desde hacía dos meses, solo aquel dolor de cabeza y los vómitos alertaron a mi mamá.

Quedaba la toma de decisiones.  Infería que era muy joven, me quedaba mucho por disfrutar y pasear para adentrarme en la maternidad; estaba en mi servicio social con duración de tres años; no me imaginaba con un hijo en brazos y por último, no estaba en ninguna de mis metas.

Como les decía no estaba en mis planes ser madre tan joven pero la familia armó tal alboroto con la noticia que me sumé a la alegría de la maternidad. El padre de mi hija con sonrisa de aceptación aseveró: “vamos a tenerlo”.

Pero ya ella se había sembrado con fuerza, porque era ella, no él, y le gustaba viajar en camiones, no en guaguas ni en carros más cómodos, tenía hambre siempre, golpeaba mi panza y no me dejaba dormir boca abajo como tanto me gustaba.

Lo peor vino después cuando empecé a engordar, perdí la cinturita y mi cuerpo parecía que estaba en una cámara de estiramiento, llegué a pensar que iba a explotar ese globo donde mi hija se formaba y hacía de las suyas.

La verdad es que nunca me limitó mi embarazo,  yo decía: “estoy embarazada, no enferma”. No paré de trabajar, crear, reír y amar. Así pasaron los meses y cuando creía que ya iba a salir de licencia apareció la otra sorpresota, el mismo día que cumplía los 8 meses se me presentó el parto en la casa de los suegros, lejos de mi casa en San Juan, donde guardaba todas las cosas de la canastilla.

Pero mi beba  no necesitaba nada más que salud para salir a la vida; nació en un parto normal, matizado por las charlas con los médicos, las cuclillas en las esquinas para aliviar los dolores y con esa ingenuidad al ser madre por vez primera.  Y digo esto porque veía en la sala a otras mujeres con sueros, equipos monitoreando su corazón y otras cosas y yo decía: “ufff esto demora, porque todavía falta que me pongan todas esas cosas”… pero nada de eso fue necesario, mi hija estaba apresurada por conocer a sus padres, a sus abuelos, por ver la luz del sol, y a las 6 de la mañana irrumpió en gritos.

Estaba hermosa, al menos para mí era la criatura más bella sobre la tierra, era pelona, de dedos inmensos, resplandecía… y yo era feliz.

Foto: Tomada de internet

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4 thoughts on “La criatura más bella

  1. Hola querida Profesora y amiga siempre en la cúspide del recuerdo, bella experiencia y crónica, no veo el momento de que esa criatura hermosa llegue y llene todo, gracias por permitirme leer y sentir cada palabra justamente es el tiempo que me toca transitar y ya esta dentro de mi creciendo, también daré un recorrido por el oasis, muy interesante!
    Saludos y abrazos
    su alumna y amiga
    Martha Rosa

    • Martha,me hace muy feliz saber que llevas en tu vientre una nueva semilla, a la que sé le va a sobrar el amor y la atención, pues vas a ser una madre muy especial.Disfruta este domingo y cuando pases en algún momento la mano por tu barriguita dile a esa criatura que si tía y Ady le mandamos un besote.

  2. Mi felicitación por haber tomado la decisión de ser madre, por tenerla de manera natura y por tanto amor que le diste cuando crecía. te comparto este fragmento de uno de mis cuentos:Apagué la lámpara de mano y vi con claridad el óvalo de la cara, su brazo extendido descansando sobre una tabla y el abdomen, resguardo de la vida, se alzaba bajo el cielo. Una mujer rezaba en totonaco, la otra le acariciaba una mano y el esposo pendiente, muy pendiente.

    Aquella escena no estaba en ningún libro de medicina. Era inusual: arriba una luna naranja, matizando de ámbar cada gramo de piedra, tierra, carne. La floración de las limonarias esparcía de jazmín el aire. Aire que sería el que respirase el recién nacido. Los murmullos del agua trotaban por los cuatro costados, pues la choza era abrazada por dos arroyuelos. La corriente parecía una procesión de sonidos, caía sobre los tejos y arrancaba al barro la voz que todo ser y objeto lleva dentro. Bajo las estrellas, la tierra fue un inmenso diapasón. La matriz, como rosa, ofrecería una semilla con capacidad de amar. El hechizo de traer al mundo, a un ser, que tal vez llegue con infinitos atributos y convierta nuestra maldad en esperanza y benevolencia. Jamás he atendido otro parto que le parezca. Tampoco supe más de ese niño que nació enredado con luna, agua y aroma de flores. Hoy lo entiendo: fue un obsequio que la vida me hizo, para recordarme el milagro de la vida.

    • Gracias amigo Rubén, la maternidad es sublime, hace q todo lo demás sea menos importante. Gracias pro el detalle de compartir un fragmento de su obra relacionada con este fecha. Un abrazo desde este oasis que siempre lo espera por acá.

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