¿Sobran los ancianos?

María Luisa, que había sido una profesional exitosa y mujer afortunada, nunca pensó sufrir tanto en la vejez. Poco después de los 75 años la familia decidió mudarla del primer al último cuarto, el más reducido de la casona y lejos de la sala, de las visitas, del mundo exterior. Luego, con el nacimiento de un bisnieto, perdió la biblioteca, su otro refugio. Transformada en  hermosa habitación de niño, parte de los libros fue a parar al patio y la otra al basurero. Sigue leyendo